Entrevista con Benjamín Prado con motivo de la publicación de su último libro

Benjamín Prado, novelista, ensayista y poeta.

“Algunas fortunas españolas salieron de donde salió casi toda la riqueza de Europa; del colonialismo, la explotación y la esclavitud”

Hablamos con Benjamín Prado sobre su última novela, ‘Los treinta apellidos’, una investigación real sobre el siniestro origen de algunas de las grandes fortunas de nuestro país de las que poco se sabía hasta ahora.
En esta nueva entrega su protagonista, Juan Urbano, escritor por encargo, profesor de lengua y literatura e investigador por vocación, acepta un nuevo caso y se ve inmerso en una historia de intriga entre el presente y el pasado que desvelará de dónde proceden esos ‘treinta apellidos’ que mandan en España desde hace 200 años.

Texto de Ana Barrero

Benjamín pRADO nos cita en la librería Visor de Madrid, una pequeña biblioteca con mucha historia que cuenta con una línea editorial propia. Ha publicado alrededor de 1050 libros, entre los que destacan más de 850 títulos de poesía. Jesús, su propietario, nos cuenta que la poesía está volviendo a las calles y que los jóvenes además de leer, la escriben.

Benjamín Prado nos cita en la librería Visor de Madrid, una pequeña biblioteca con mucha historia que cuenta con una línea editorial propia. Ha publicado alrededor de 1050 libros, entre los que destacan más de 850 títulos de poesía. Jesús, su propietario, nos cuenta que la poesía está volviendo a las calles y que los jóvenes además de leer, la escriben.

¿Te llamó Pedro Sánchez para ser Ministro de Cultura?
No.
¿Por qué este libro?
Es el cuarto libro de una serie que va a tener diez episodios; momentos concretos de nuestra historia, cuyas páginas, más que pasadas, tengo la impresión de que han sido arrancadas. La intención de la serie de Juan Urbano (protagonista del libro “Los 30 apellidos”) es que esas páginas vuelvan a ocupar su lugar.
¿Qué te ha llevado a escribir esta novela?
La frase de la que ha salido el título de la novela también es la frase de un conocido empresario -de cuyo nombre no me apetece acordarme- que dijo: ‘Nosotros al Ibex 35 lo llamamos el 30+5; hay cinco que salen y entran como Zara o Mercadona, y los otros somos las treinta familias que mandamos aquí desde hace 200 años’.
De esa frase salieron preguntas: por qué, quiénes, cómo. Entonces empecé a escribir esta novela que básicamente explica cómo algunas fortunas están construidas sobre el colonialismo, aunque no todas, porque esta novela no es contra los ricos, ni contra la riqueza que sirve para generar trabajo, industria, empresas y propiciar la buena marcha del país.
¿Qué les espera a los lectores?
Se cuentan muchas historias. Juan Urbano es una mezcla de profesor, investigador y, sobre todo, un tipo que solo se quiere vestir con camisas de once varas. En eso nos parecemos un poquito. A Juan le encargan irse a La Habana a buscar a los descendientes de Joan De Maristany. Es la historia real de una familia con una rama catalana y otra gallega; por la parte catalana Joan de Maristany y por la parte gallega Urbano Feijoo de Sotomayor -ahí lo dejo- y cuando los negros se empezaron a revelar él formó una compañía llamada “Patriótico Mercantil” para repoblar con gallegos los ingenios azucareros de Cuba. Con las malas cosechas, las pocas lluvias y hambrunas en Galicia, Feijoo, senador real, tuvo la brillante idea de llevar allí a los gallegos, pero les engañaron; les dijeron que iban a ir como colonos, pero iban como esclavos.
¿Cómo ha sido el proceso de documentación?
He tardado cuatro años, y es un proceso que me gusta mucho, no lo considero tarea ingrata, sino divertida, porque ahí el Juan Urbano sí que soy yo.
¿Qué cosas curiosas nos puedes contar de tu investigación?
La historia de los almacenes ‘El Encanto’ me ha gustado mucho contarla. Escribo que hasta Christian Dior, que tenía fobia a volar, se cogió un avión y se fue a La Habana porque le dijeron “hay un sitio que se llama “El Encanto” en el que se venden tantos diseños Dior como en Nueva York y París”. Yo hablé con una asociación de ex trabajadores de El Encanto y me contaron que cuando llegó la revolución se consideró una empresa pequeña burguesa y terminaron quemando el edificio.
Reconstruir esas cosas es muy divertido. Esta historia real tiene una versión española, que es que algunos de los aprendices de los almacenes “El Encanto”se vinieron a España y con todo lo que habían aprendido allí, unos montaron El Corte Inglés y otros montaron Galerías Preciados.
¿Crees que a la sociedad actual le interesan estas historias?
Debe ser así, porque todas estas novelas de la serie funcionan muy bien.
Yo creo que a todos nos gusta saber, y el que no lo sepa o el que no lo haya entendido así, tiene que volver a estudiarse esa lección. Eso de que la historia, si no se conoce, se repite en sus peores extremos, no es una leyenda urbana, es verdad.
Esta novela no tiene una intención divulgativa, ni tiene una intención ideológica, ni quiere adoctrinar a nadie sobre nada. Cuenta una historia que yo creo que es interesante de saber, que de alguna manera se ha echado un poquito de tierra sobre ella, como se echó sobre el robo de los niños. Cuando publiqué “Mala gente que camina” algunos creían que me lo inventaba y fíjate por dónde va el tema a estas alturas.

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“Intento estar a la altura de la suerte que he tenido en la vida”

Escribes poesía, novela, ensayo y canciones, ¿Por qué lo haces todo bien?
No, lo que pasa es que soy de Las Rozas y soy muy cabezota, muy perseverante y persigo la pelota hasta la línea de fondo, eso sí que es verdad.
Intento hacerlo bien, estar a la altura de la suerte que he tenido. He tenido mucha suerte en la vida. A los 17 años me encontré en un bar de Las Rozas, a 50 metros de mi casa, a Rafael Alberti. Fue mi maestro muchos años y él me enseñó que la literatura es una cosa muy importante y muy seria.
¿Y qué opinas del panorama cultural actual?
Yo creo que este país cuida poco lo mejor que tiene, sus dos únicos “petróleos”, que son el turismo y la cultura. Aquí no hay refinerías grandes, pero sí están Cervantes, Góngora, Quevedo, Lope de Vega, Picasso, Lorca, etcétera. Lamento profundamente que en España nadie lea El Quijote, por ejemplo, que los niños no lo lean con la teoría de que es que es muy difícil. Eso es un grave error, ¿no? Los ingleses dicen que uno no es completamente inglés hasta que no lee toda la obra de Shakespeare.
Juan Urbano no es profesor de literatura por casualidad, esas citas que hace intentando explicar la realidad a través de lo que se dijo, por ejemplo, en el Siglo de Oro, que es lo que les enseña a sus alumnos, tienen una intención, en cierto sentido, didáctica, y a ser posible tratan de emitir algún tipo de contagio.
Eres de los abanderados que está abriendo la cultura a términos más populares, se te ve, por ejemplo, con Sabina escribiendo canciones ¿Qué tiene que hacer la cultura a cambio?
Rafael (Alberti) no era una persona normal, era un mito de la generación del 27, amigo de Lorca y de Neruda, mito de la guerra civil, mito del exilio -38 años por ahí perdido-, era un mito del regreso, la famosa foto en el avión ‘Me fui con el puño cerrado, vuelvo con la mano tendida’ … Yo un día le dije: “oye, Rafael, ¿por qué no lees nunca tus mejores poemas? Solo lees los que más te aplauden” y me dijo él: “Hombre, yo llego a los sitios, miro a la gente y pienso, esta gente tenía cosas que hacer, ha venido a verme, mi obligación es entretenerlos”. Es una visión noble del entretenimiento. Lo digo porque ahora el entretenimiento creemos que es la telebasura y no es verdad, es decir, las novelas de Galdós son puro entretenimiento y, además, aprendes un montón y encima es Galdós, que es el mejor escritor del siglo XX; como Balzac o Víctor Hugo.
¿Crees que las nuevas generaciones se interesan por la literatura?
Bueno, ahí va. ¿Por qué hago yo conciertos con Coque Maya, o giras enteras de treinta o cuarenta conciertos con los Pereza o Shuarma… o hago discos con Joaquín (Sabina) o con Amaya Montero? Ahora soy una diva pop.
El otro día actuamos Amaya y yo en el teatro Isabel la Católica, en Granada, casi 700 personas, localidades a 18 euros, porque tengo la ilusión de que se produzca una especie de “click” y la gente salga de allí diciendo “anda, pero si a mí me gusta la poesía, no lo sabía y resulta que me encanta”. Por cierto, qué es lo que está pasando con esta nueva generación de poetas que lleva a adolescentes a bares de poesía… eso es una maravilla. Esa es la función: llevar la poesía a donde la poesía no era esperada.
O sea, que eres optimista.
Sí, ¿para qué sirve ser pesimista? No sales de ningún pozo pensando que no vas a salir, se sale intentándolo y, además, no intentarlo es la manera más triste de no hacerlo, de manera que yo, por lo menos, siempre lo intento, a ver qué pasa.

 

“Los treinta apellidos” está editado por Alfaguara. 375 págs. 17 euros.

“Los treinta apellidos” está editado por Alfaguara. 375 págs. 17 euros.

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