¿Cómo sonaría el sueño de una mujer?

Exposición de Cristina Avello

Artista de vocación, dejó una brillante carrera de abogada para alcanzar su pasión. Nueva York fue su segunda cuna, desde donde aprendió a modelar la madera con el latido de su corazón.
La mujer y la búsqueda de equilibrio son los pilares desde donde construye su discurso. Expone “En equilibrio” desde el 14 de abril en la galería Lucía Mendoza de Madrid.

Cristrina Avello (Madrid) posa en su estudio con un mazo de cuero en la mano,  herramienta que utiliza para golpear sus gubias y modelar la madera. La artista se licenció en Bellas Artes en 2015, por la National Academy School of Fine Arts de Nueva York.

Cristrina Avello (Madrid) posa en su estudio con un mazo de cuero en la mano, herramienta que utiliza para golpear sus gubias y modelar la madera. La artista se licenció en Bellas Artes en 2015, por la National Academy School of Fine Arts de Nueva York.

¿Cómo te haces artista?
Siempre supe que sería artista pero nunca tuve la oportunidad de estudiar, ni siquiera de tener una asignatura cercana al arte en el colegio. Estudié Derecho y trabajé en Madrid y en Londres como abogada. Ya casada, a mi pareja la destinan a Nueva York y en ese momento, hace más de once años, es cuando decido dejar mi profesión y convertirme en artista.
En Londres me di cuenta de que se puede hacer una profesión muy bien aunque no tengas pasión. Yo solo sentía pasión por el arte y en Nueva York rompo con el cordón umbilical y comienzo a volar, dejo el Derecho y comienzo a formarme.
¿Qué sucede cuando llegas a la gran manzana?
En esa lista de conocidos de conocidos que tenía que llamar cuando llegara a Nueva York contacté con una artista cubana que me recomendó una academia. Cuando pisé ese lugar, se me olvidó todo lo que había sido profesionalmente hasta ese momento y comienza mi segunda vida.
¿Cuándo llegas a la escultura?
Tras años de estudio llego a la escultura, pero no me gustan los materiales como plásticos, resinas o yeso, y es cuando me encuentro con la madera, al principio con el pino, hoy trabajo el abedul asturiano.
En Nueva York un profesor italiano me enseñó a tallar con el corazón, escuchando sus ritmos y acompasándolos con mis gubias.
¿Por qué asturiano?
Mis abuelas eran de Asturias, una de Villaviciosa y otra de Gijón. La primera me presentó a la persona que me sigue consiguiendo la madera con la que trabajo. Me gusta trabajar una obra desde el princípio, entendiendo el proceso como un todo en el que cada pequeña cosa es importante. Me importa que la madera sobre la que voy a trabajar la haya conseguido una persona que conozco y que por lo tanto aporta algo a esa materia prima con la que voy a trabajar. Cada una de mis obras nace en Asturias, no es cualquier madera, es un árbol asturiano cortado por unas manos amigas. Todo debe comenzar con esta magia.

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“Aprendí a tallar con el corazón, acompasando mis gubias a su ritmo”

¿Qué vamos a ver en tu exposición?
Se trata de una exposición conjunta con un artista italiano llamado Stefano Bonacci, y se titula “En equilibrio”.
Los dos buscamos el punto de equilibrio, cada uno de una manera diferente, pero para los dos es algo fundamental.
En mi caso, busco el equilibrio porque mi obra siempre ha estado inspirada en la mujer. He crecido y convivido con mujeres muy fuertes a mi lado, a las que, pese a ser mujeres insuperables, siempre las veía incompletas. Veo muchas veces en la mujer, en una eterna búsqueda, esa lucha interna por la superación. Y a mí me pasa lo mismo, por eso en mi trabajo quiero contar cómo recorro esos caminos para encontrar mi equilibrio.
¿Alguna pista?
A mí hay una cosa que nunca me ha fallado y es la mar. Me gusta sentarme sobre la arena templada de una playa y escuchar el ruido de las olas. Floto y desaparecen mis preocupaciones y lo más importante se conecta. Se aligera mi mochila.
En cada obra intento llegar a ese punto y la termino cuando necesito arroparme con mi propia obra, como si fuera un manto. Las olas que recreo en la madera son en realidad, o a la vez, las formas de la mujer, la elegancia y la sinuosidad de la mujer, porque la mujer tiene ese don de abrazar y transmitir esa paz. Después, quiero abrir un diálogo con el espectador para hacerle llegar hasta ese momento en el que yo he estado.

Instalación, Olas de mujer.

Instalación, Olas de mujer.

¿Cuáles son tus influencias artísticas?
Pocas o ninguna. El ojo es imposible taparlo y siempre quieres mirar, pero tengo la suerte de que mi vida artística comenzó tarde y la madurez me ha hecho seguir siendo autodidacta y muy libre de cualquier influencia.
¿Cómo creas y evolucionas?
Sueño, me despierto y anoto en un cuaderno, que siempre hay en mi mesilla, lo que he vivido en mis sueños.
Cuando vuelvo de Nueva York y me instalo en Madrid, busco troncos de árboles asturianos, hasta que con el tiempo me apaciguo y llego a trozos de madera más pequeños con los que unidos, quiero representar o quiero ver el cerebro de una mujer como si pudiera hacerle una foto, pensando cómo sonaría el sueño de una mujer. No he estudiado música, pero interpreto la música con un movimiento para cada nota, así la cabeza de una mujer estaría llena de movimientos, de formas que suben y bajan, -también porque nosotras somos así, tenemos un montón de recursos diferentes-, y habría color en esos sueños, son “olas de mujer”.
¿Por qué tus cuadros o instalaciones se pueden tocar y cambiar de forma?
Porque al ser “olas de mujer” que representan nuestro cerebro, cada día puedes sentirte diferente y por eso dejo que se pueda jugar con las formas que componen mi obra para que veas cómo cambian o cómo les da la luz.

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