Una parrilla de carbón de encina late en el corazón del restaurante Rocacho de Madrid. La mayor variedad de cortes de carnes de la finca El Capricho, pescados salvajes y arroces de un grano de altura, convierten a este restaurante en un olimpo gastronómico para amantes del sabor original.

La luz de Madrid entra en la sala del restaurante Rocacho con respeto. Parece como si moderara su fuerza cuando toca las paredes decoradas en agradables tonos de color marrón y se encontrara con los comensales disfrutando de un momento gastronómico especial. Esa sensación invade la elegante sala de uno de los mejores asadores de Madrid, donde todo parece sencillo, pero donde nada se deja al azar. 

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Sala del restaurante Rocacho.

El restaurante Rocacho tiene un concepto tan sólido como su nombre. La ambición por buscar los mejores sabores primigenios  y la forma más natural de cocinarlos, ha llenado su despensa de la mejor materia prima.

Las carnes son de El Capricho, ese restaurante mágico en el pueblo leonés de Jiménez de Jamuz, que cría una ganadería de bueyes y vacas viejas de trabajo. Las chuletas se tratan como joyas y son presentadas al cliente en caja de madera para que acepte la pieza, después de comprobar el peso o el nivel de infiltración.

Entre los cortes más exquisitos, está la chuleta de vaca de trabajo, en dos versiones: con 40 o 90 días de maduración, así como el jarrete, el solomillo de buey, la oreja de solomillo de buey, la entraña o el steak tartar.

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El rodaballo salvaje, las angulas, el bacalao, la merluza, el atún rojo o el pixín, llegan de los mejores puertos nacionales para ser tratados con el mimo y esmero adecuado para que la parrilla solo los acaricie para salir a la sala con el ímpetu del mar.

Un bocado sublime e inesperado, por la elegancia y el equilibrio de sabores, es el rocacho de bacalao rebozado en orly con tinta de bacalao.

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Rocacho de bacalao con alioli.

Los arroces, del señoret, al negro con sepia y alioli (hay 7 hasta tipos), se cocinan con la variedad Bomba, la altura de un grano y perfecto socarrat. 16 minutos al fuego y 2 en el horno consiguen un arroz al dente, con toda la absorción de sabores y por si fuera poco, en sala, el camarero exprime las cabezas de langostinos o carabineros sobre el arroz, justo antes de remover y servir.

Entre platos, hay que probar su ensalada de tomate, la crema ligera de alcachofas o el surtido de chacinas: cecina, chorizo y salchichón de buey. Además, como propuestas inusuales, merece la pena los callos y el tuétano de buey, los tacos de cangrejo o la torrija de foie.

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Callos de buey.

La bodega, dividida en diferentes cavas acristaladas que ejercen de paisaje en la decoración, propone Cavas y Champagne, así como una gran y variada selección de vinos españoles, incluyendo vinos de Jerez por copas.

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terraza del restaurante Rocacho.

El restaurante Rocacho tiene además, una espléndida y acristalada terraza que ejerce de antesala de lo que podemos considerar un escenario imaginado para hacer disfrutar.

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El restaurante Rocacho está en la calle Padre Damián, 38 de Madrid.

 

En el apartado postres, hay que disfrutra de la tabla de quesos, los helados artesanales o el tiramisú montado en sala. Muy rico.

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Tiramisú terminado en mesa.

Restaurante Rocacho. Madrid.