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La Movida: los años que modelaron la identidad de Madrid

La Movida: los años que modelaron la identidad de Madrid

Mural del interior del bar El Penta (El Pentagrama), dibujado por Teresa, la primera pareja de Antonio Vega.

 

Texto y fotos de Javier Estrada

En la calle Manuela Malasaña 24, un gran dibujo de Mazinger Z luce en la fachada de la tienda Popland, un pequeño templo de chapas, posters, juguetes, llaveros, parches bordados y objetos fascinantes de otra época, los años 80… Aquí comienza un viaje de vuelta a La Movida madrileña de la mano del historiador Juan Carlos González, creador de contenidos y guía de la asociación de paseos culturales Carpetania Madrid.

Fachada de la tienda de regalos de los años 80 Popland, con el mítico robot de dibujos animados Mazinger Z.

Enfrente de Popland, un solitario y descolorido cartel vertical recuerda el lugar donde por primera vez en Madrid un DJ, entonces pinchadiscos, mezclaba música en la ciudad. El bar se llamaba Sportivo, como guiño a un grupo holandés del momento. A su lado, hoy se puede beber una copa de leche de brontosaurio, en recuerdo también a los años 80 cuando en los bajos de Aurrerá los jóvenes se reunían para beber leche de pantera en el bar El Chapandaz.
El Teatro Maravillas nos recuerda que este barrio siempre se llamó así, Maravillas, hasta que los madrileños comenzaron a llamarlo Malasaña a mediados de los años 80, dando el protagonismo al nombre de Manuela Malasaña, una de sus calles, que homenajea a la niña asesinada por las tropas de Napoleón en el levantamiento del pueblo madrileño el 2 de mayo de 1808.

Llega la democracia
El 20 de noviembre de 1975, el presidente del gobierno Carlos Arias Navarro anuncia en televisión la muerte del dictador Franco y comienza en España un nuevo período de democracia en la que los jóvenes toman el protagonismo de una sociedad ávida de recuperar sus libertades.
A finales de los años 60 y principio de los 70 los estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid se habían manifestado en repetidas ocasiones, el cantautor Raimón había tocado en concierto y los jóvenes gritaban “Madrid con París” en alusión al Mayo del 68. Comenzaban a surgir grupos de teatro que marcaban una nueva época de las artes escénicas, como la compañía Tábano y su obra “Castañuelas 70” o “Las madres del cordero” con los primeros agitadores sociales, como Moncho Alpuente. Los actores Juan Diego y Tina Sáinz eran arrestados por plantear una huelga contra la ley que obligaba a la “doble función” en los teatros españoles, mientras Juan Ribó se desnudaba en el escenario.

La pared de la entrada del bar “Madrid Me Mata” está decorada con fotos en blanco y negro de la década de los años 80.

La sede de los objetores de conciencia
Los niños veían en la televisión series como “Los Chiripitifláuticos”, mientras que en la política se mezclaban dos generaciones para escribir la nueva Constitución: “los del búnker”, que lo tenían todo “atado y bien atado” y una nueva forma de pensar, liderada por un joven abogado llamado Adolfo Suárez.
Los jóvenes comenzaron a reunirse para comprar e intercambiar libros, antes prohibidos por la dictadura, como “El Capital” de Marx, o “El libro rojo” de Mao. También para declararse objetores de conciencia y no ir a la mili, en la nueva sede que se abría en la calle Manuela Malasaña.
El Café de Ruiz y el Café Ajenjo eran otros lugares de reunión de los jóvenes “progres”. La calle Galería de Robles, fue denominada coloquialmente “la pequeña Rusia” por los ciudadanos de más edad.
El inglés comienza a tener mucho interés para los veinteañeros. Franco había proscrito el idioma en los años 40 al quedar fuera del primer Plan Marshall y en España se estudiaba francés en los colegios. Así, los grupos de música londinenses y americanos, como la música Jazz, se convierten en catalizadores de modas y tendencias. Grupos como Obús, Barón Rojo, Asfalto o Leño serían los primeros grupos de rock duro españoles de la época.
Del barrio de la Elipa sale el grupo Burning, macarras de ceñido pantalón, que cantaban “Qué hace una chica como tú en un sitio como este”. Y una de las primeras revistas musicales de los 70, que se llamó “Vibraciones”, publicaba en su primera portada una foto del cantante Frank Zappa, lo que desató la fiebre progre y hippy en Madrid.
En el cine, Fernando Colomo, rodaba una película como el mismo título que la canción de los Burning, en la que la protagonista era una joven Carmen Maura.
“Las chicas del Drugstore” fue otro de los éxitos de Burning, y hacía alusión a la primera tienda abierta 24 horas, situada en la calle Fuencarral (hoy es un VIPS) donde acudían las primeras tribus urbanas de principios de los años 80.

El Rollo antes de La Movida
Vicente Romero, llamado “Mariscal Romero”, es un locutor de radio fundamental en la historia contemporánea de Madrid. Bajo el grito de “Viva el rollo” pinchaba desde su programa de radio “Musicolandia”, todo el rock que comenzaba a surgir en España.
En los cafés de Malasaña sonaban cantautores como Luis Eduardo Aute y Lluís Llach o genios del Jazz como Miles Davis, mientras en el Café del Foro actuaban Faemino y Cansado o El Gran Wyoming y el maestro reverendo, y Juan Carlos Argüello, “El Muelle”, comenzaba a pintar las paredes de Madrid con su después famoso grafiti.
El periodista musical y locutor de radio Diego Manrique denominó “pop de mesa de camilla” a las canciones de Carmen y Gloria, “Vainica doble”, que componían para las sintonías de nuevos programas de televisión, como “Con las manos en la masa”, el primer programa de recetas de cocina, o “Todo está en los libros” y que también son significativas del nuevo perfil de una sociedad que despertaba a la democracia.
Madrid comenzaba a cambiar su vocabulario, expresiones como “tu piba”, “mi tronco” o “pasarlo dabuten” se cuelan en la cotidianeidad de las conversaciones de los jóvenes mientras todo cambia. “El Rollo” deja paso a “La Movida”. Los Ramones y los Sex Pistols refuerzan la idea de cambio y revolución con lo establecido desde su música punk.
En El Rastro, en la plaza del Campillo del Nuevo Mundo, adolescentes como Carlos Berlanga, Olvido Gara Alaska, El Zurdo o Ana Curra, se conocen comprando o intercambiando, fanzines, casettes o vinilos traídos de Londres.
La cafetería La Bobia, cerca de Cascorro, era centro de reunión de chupas negras e imperdibles atravesados en la mejilla. Aquí nace, a finales de 1977, KaKa de luxe, uno de los primeros grupos del punk español, compuesto por El Zurdo (Fernando Márquez), Manolo Campoamor, Alaska, Enrique Sierra, Nacho Canut y Carlos Berlanga.
Más tarde, surge Alaska y los Pegamoides, donde se incorpora Ana Curra. La canción “Bailando”, fue uno de los primeros éxitos o “llenapistas” de La Movida.

El homenaje a Canito
En 1980 Canito, el batería del grupo “Tos” (después Los Secretos) muere tras un accidente de tráfico y se celebra un concierto homenaje en la Escuela de Caminos de la Politécnica de Madrid. Un festival gratuito y transmitido en directo por TVE y Onda 2, en un programa especial conducido por Carlos Tena y Diego Manrique. En el concierto tocaron, además de Tos, Nacha Pop, Alaska y los Pegamoides, Mamá, Paraíso, Mermelada de lentejas, Trastos, Los Bólidos y Mario Tenia y Los Solitarios.

Juan Carlos González, historiador y guía de los paseos culturales de CARPETANIA Madrid posa con uno de los carteles originales del concierto homenaje a Canito, uno de los momentos claves de La Movida madrileña.

Conciertos, teatro y alcohol
La Plaza del 2 de Mayo se convierte en el centro neurálgico de La Movida. Las primeras celebraciones de la fiesta madrileña, tras la muerte de Franco, se transforman en eventos masivos llenos de jóvenes intérpretes de una nueva etapa, reconocida y admitida tras el discurso del Alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván y su famosa frase “Madrileños, a colocarse y al loro”.
Las pequeñas salas de teatro comienzan en estos años a subir al escenario obras hasta entonces nunca programadas. El Gayo Vallecano o la Sala Cadarso acogen textos de Ionesco, Beckett o las primeras actuaciones de Tricicle. La cultura underground forma el corazón de La Movida. También surge el cinestudio, como la Sala Griffith, donde los madrileños pudieron ver películas como “El gran dictador” o las primeras historias de Woody Allen.

Fachada del bar La Vía Lactea.

Pero La Movida también se hizo con la noche, con la cultura del baile y las copas. A La Movida le gustaba “privar”. En la calle Velarde sigue abierto y en plena forma el bar “La Vía Láctea”, inspirado por el popart y la ciencia ficción, que también vivía sus años gloriosos con películas como La Guerra de las Galaxias. Aquí encontramos a uno de los personajes más emblemáticos de la noche madrileña: “Pele, el sheriff de Malasaña”, el “puerta” de La Vía Láctea, encargado de filtrar quién pasaba y quién no a ese universo de música en inglés, mucho humo y pantallas que emitían videoclips.
Rock Ola fue la sala de conciertos mítica de La Movida, -Además de El Avión– donde muchos tuvieron la oportunidad de poner sus canciones sobre un escenario y donde los madrileños vieron tocar por primera vez a grupos como Depeche Mode, Spandau Ballet, Simple Minds o Iggy Pop, entre otros. Un incendio en 1984 y una pelea con un muerto, en 1985, entre bandas de Rockers y Mods, cerraron definitivamente este tempo de La Movida. Otros lugares emblemáticos que ya no están fueron la Sala Imperio, la Sala Universal y la Sala Astoria. Sobrevive sin embargo, la sala El Sol, que este año ha cumplido 40 años y que sigue siendo uno de los mejores lugares de Madrid para bailar y disfrutar de un concierto.
Sin dejar la calle Velarde, merece la pena asomar la nariz en “Nueva Visión”, la sede del primer club de fans de Madrid, dedicado a Los Ramones. Un antro clásico y eterno.

Techo del interior de La Vía Láctea. En La Vía Lactea, además de ser local de conciertos, trabajaron como “pinchadiscos” el cantante y productor Kike Turmix y el periodista musical Diego Manrique.

Interior de La Vía Láctea.

El “guarripop” trae los colores
Las chupas negras comienzan a desaparecer y los armarios de los padres de los hijos de La Movida comienzan a ser aireados. Hay que cambiar. Todo vale y llamar la atención es la nueva moda. Antiguallas y “cutrelux” se mezcla en las calles para vestir a un nuevo Madrid. El artista pop y cantante Paco Clavel reinventa la moda de vestir con prendas hechas por uno mismo desde materiales populares. Vale una lata de alcachofas como pulsera o una chupa forrada de chapas de cerveza. Los colores y el maquillaje dibujan videoplips y locales de moda.

Nacha Pop y Radio Futura
Dos primos de Majadahonda, Antonio y Nacho Vega fundan el grupo Nacha Pop y triunfan con la canción “La chica de ayer”, y a la vez, el pintor Herminio Molero y sus sintetizadores, junto a los hermanos Auserón, crean Radio Futura.
En la puerta de los baños del bar Madrid Me Mata (Calle Corredera Alta de San Pablo) hay una simpática foto de Herminio Molero. Un bar, este Madrid Me Mata, que hoy es además, museo de La Movida, con pantallas que reproducen sin parar conciertos de los 80 y vitrinas con piezas que son joyas de una época. La música suena alta y además de buenas copas y ambiente, puedes comprar tu camiseta con el slogan “Madrid Me Mata”, que también define a esta época.
En la acera de enfrente está El Penta, el bar de “La chica de Ayer” inaugurado en 1976, se le conoce como el bar de Antonio Vega pero no era de él, aunque si le gustaba ir de copas y citar a los periodistas para hacer entrevistas y fotos. Teresa, su pareja de entonces, fue la encargada de pintar la pared naranja del fondo, que todavía hoy podemos disfrutar, donde dejó para siempre dibujado a un Antonio con los pelos de punta. El letrista y cantante de Nacha Pop sigue muy presente en este mítico bar desde dos joyas para nostálgicos: en su columna central, de su puño y letra, está la letra de la canción que le hizo famoso, “La chica de ayer”, y en el mural de Teresa, las letras VOZ, que parecen querer ser la marca de un amplificador combo, fueron pintadas por él.

Fachada del bar El Penta

 

Colección de entradas de conciertos de los 80 que se puede ver en las paredes del Penta.

 

Más color
El glam, los nuevos románticos, los rockers y mods, que ya andaban por ahí, eran el alma de La Movida. Y aparecieron Juan y Enrique, Las Costus, dos pintores de Cádiz que influyeron con su trabajo dando más color a La Movida. Su casa, en pleno barrio de Malasaña (Calle de La Palma, 14), era el lugar de recogida, después de la fiesta, de amigos como Alaska o Pedro Almodóvar, que terminaba de montar su primera película “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”, en 1980, a la vez que tocaba en garitos con Fabio MacNamara.
Cessepe, Alberto García Alix, Ouka Lele o El Hortelano, pintaban y fotografiaban la noche madrileña convirtiéndose en artistas de culto. También los poetas se sumaban a La Movida, Ana Rossetti, Luis Alberto de Cuenca o Eduardo Haro Ibars, escribían relatos y letras de canciones para muchos de los grupos que comenzaban a triunfar.

¿Quién murió en el avión?
Mientras, en el bar King Creole, (hoy el Freeway, en Corredera Alta de San Pablo, esquina San Vicente Ferrer), la tribu del tupé escuchaba a los Stray Cats y a Elvis, el Rey Criollo. Pero no era un lugar para todo el mundo y no era sencillo entrar si no eras un auténtico rocker. En esas largas noches de fiesta, los rockers se divertían echando a los que no cumplían los sagrados requisitos. En la barra, donde ponía copas Rossy de Palma, era habitual que se te acercara alguno de la tribu para examinarte, pidiendo la respuesta a la pregunta: ¿Quién murió en el avión? Si no contestabas inmediatamente, eras invitado a abandonar el bar. La respuesta acertada es Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper, que fallecieron juntos en un accidente de avión en Iowa el 3 de febrero de 1959, una fecha bautizada como “el día que murió el Rock and Roll”.

Fachada del bar Madrid Me Mata, situado frente al Penta.

Camiseta con el famoso grafiti de El Muelle en una de las vitrinas de Madrid Me Mata.

Detalles de las vitrinas que decoran el bar Madrid Me Mata. Arriba, poster, teclado y chupa de cuero de Alaska y los Pegamoides. A su lado, guitarra de Los Zombies.

En Madrid las radios libres o alegales, los fancines y revistas como La Luna, Madrid Me Mata o Madriz, se encargaban de difundir a los nuevos grupos y la cultura de La Movida. Al mismo tiempo, las farmacias y las drogas ayudaban a que la fiesta durara varios días. En las farmacias de Madrid, durante un tiempo, se podía comprar anfetaminas y centramina sin receta, la cocaína se comenzaba a trapichear en el entorno del Kiosco de Antonia, en plena Plaza del 2 de Mayo, y poco después la heroína se regalaba en las calles de Malasaña. Aquí comienza el final de la fiesta.
Los días 19 y 20 de octubre de 1988 Nacha Pop se despedían de su público con dos conciertos en la Sala Jácara y La Movida comenzó a diluirse. Fue el colofón a una intensa, divertida y bonita época que ha marcado el carácter de Madrid para siempre. Dicen que muchos de los que se fueron demasiado pronto pidieron que sus cenizas “descansaran” en la Plaza del 2 de Mayo”. Que se sepa, las del pincha (DJ.) bilbaíno Kike Turmix están repartidas entre su pueblo de nacimiento y esta plaza.

Agradecimientos por el asesoramiento a Juan Carlos González y carpetaniamadrid.com 

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