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¿Es posible prevenir el cáncer con una dieta saludable?

¿Es posible prevenir el cáncer  con una dieta saludable?

Una buena alimentación permite no solo reducir el riesgo de sufrir ciertos tipos de cáncer, sino afrontar mejor la enfermedad cuando se produce

La dieta es el resultado de la suma de alimentos que consumimos a lo largo del día. Lo que comemos y la cantidad en que lo hacemos no solo repercute directamente sobre nuestra salud actual sino, sobre todo, sobre nuestra salud futura. Desde nuestro nacimiento los alimentos son parte integral de nuestra salud: nos permiten crecer, desarrollarnos y resultan básicos durante el periodo de gestación y vitales en periodo de envejecimiento.

El consumo excesivo y la falta de variedad, nos lleva a padecer enfermedades denominadas crónicas, como la obesidad, la diabetes e incluso algunos tumores. Así lo evidencian muchos estudios científicos que determinan que los alimentos pueden intervenir en los ciclos de estructuración del ADN. Tanto es así que cerca de un 30% de los cánceres diagnosticados en el mundo se asocian con la alimentación.

La prevención es un elemento básico en la lucha contra el cáncer y, en este sentido, adoptar unos hábitos de alimentación saludables se convierte en un elemento de importancia capital. Los alimentos por sí solos no tienen una acción terapéutica directa, pero una ingesta adecuada de nutrientes puede reducir el riesgo de sufrir una enfermedad de este tipo (al igual que otras como la obesidad y la diabetes) o mejorar la respuesta a determinados tratamientos.
Entre los consejos generales de los expertos en este campo, además de reducir o suprimir de la dieta o la ingesta de alimentos excesivamente calóricos (como grasas saturadas) o el alcohol, está el hecho de incluir alimentos con componentes protectores, como la fibra o antioxidantes, que juegan un papel beneficioso para nuestro organismo. En algunos casos, ciertos micronutrientes pueden participar del efecto protector frente al tumor como ocurre con la vitamina D o el Calcio en el caso del cáncer de colon.

“Para establecer unos criterios de prevención a partir de una alimentación adecuada que permita prevenir la enfermedad o mejorar la calidad de vida en cualquier persona o paciente, es necesario tener en cuenta la edad, el sexo, los hábitos adquiridos y el consumo calórico, además de otros factores sociales que influyen de forma particular en cada persona”, explica Pedro Robledo, nutricionista de MD Anderson Cancer Center Madrid.

En la actualidad, las guías alimentarias, encaminadas a disminuir el riesgo de enfermedades crónicas como el cáncer, recomiendan consumir frutas y verduras (45-60% de las calorías diarias), proteínas (entre un 15% y un 20%), de las cuales al menos un 40% sean de origen vegetal, así como restringir el consumo de carnes procesadas y con grasa, y eliminar la ingesta de la piel de las aves. Por otra parte, la grasa total no debe superar el 35% de las calorías ingeridas (hay estudios científicos que asocian dietas ricas en grasa con cáncer colorrectal, de próstata y de endometrio), mientras la fibra, que como se ha comentado es fundamental y está presente en legumbres, cereales, frutas y verduras, debe suponer un mínimo de 25 gramos al día. Además, es recomendable tomar productos lácteos desnatados o con poca grasa, preferiblemente fermentados, al menos una vez al día.

“Los alimentos pueden intervenir en los ciclos de estructuración del ADN. Tanto es así que cerca de un 30% de los cánceres diagnosticados en el mundo se asocian con la alimentación”

También hay que tener en cuenta el impacto que tienen el consumo de alcohol y tabaco, que junto al sobrepeso y la obesidad pueden aumentar el riesgo de aparición de un tumor. De hecho, el consumo de alcohol se ha relacionado directamente con la aparición del cáncer de colon, de mama y de hígado, y, cuando se combina con el tabaquismo, aumenta enormemente el riesgo de cáncer de cabeza y cuello.

Y no conviene olvidar que, junto a la dieta, es fundamental realizar ejercicio físico al menos 30 minutos al día. Esta práctica resulta muy importante para evitar el sobrepeso, que hace aumentar el riesgo de cáncer de colon, endometrio, mama (tras la menopausia), esófago, páncreas y riñón.

Por otra parte, una vez que aparece un cáncer, unos hábitos de vida saludables son esenciales para combatir la desnutrición y el deterioro inmunitario provocados por el tratamiento o por la propia enfermedad. Por ello, MD Anderson Cancer Center Madrid cuenta con una Unidad de Soporte Nutricional y Dietético “que se encarga de vigilar y facilitar el soporte alimentario de los pacientes que acuden al centro y que realiza valoraciones personalizadas del paciente oncológico durante el tratamiento, ya que es susceptible de padecer desnutrición en diferentes grados y alteraciones metabólicas asociadas al tratamiento, o como resultado del mismo”, según revela Pedro Robledo.

Por todo ello, una dieta adecuada y la actividad física diaria forman parte de los hábitos saludables recomendables para lograr los dos objetivos más importantes: prevenir la aparición del cáncer en las personas sanas y asegurar la mayor calidad de vida de las personas que ya conviven con esta enfermedad.

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