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Compartir en lugar de poseer. Economía colaborativa, la nueva revolución industrial del S. XXI

Compartir  en lugar de poseer. Economía colaborativa, la nueva revolución industrial del S. XXI

* Para la elaboración de este reportaje “colaborativo” hemos entrevistado a: Sara Magán (gestora culural y coodirectora de Zinc Shower), Rafael de Ramón (creador del entorno de colaboración laboral, coworking, Utopic-Us y codirector de Zinc Shower), Jose luis Zimmermann (director de la Asociación Española de Economía Digital), Luis Tamayo (analista de tendencias aplicadas al marketing y a la innovación y parte activa de la plataforma Ouishare) y Vicent Rosso (fundador en España de Blablacar). Todos ellos ponentes de Zinc Shower.

[entradilla]¿Qué es la economía colaborativa? ¿A qué debe el gran auge que está experimentando? ¿Ha llegado para quedarse? ¿Es realmente la nueva revolución o reconversión “industrial” o comercial a la que tendrá que enfrentarse la sociedad del S. XXI? Hablamos sobre el tema con algunos de los expertos* reunidos en torno a  Zinc Shower, el mayor encuentro en España sobre economía creativa y colaborativa que se celebrará en Matadero Madrid los próximos 8 y 9 de mayo.[/entradilla]

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La sociedad está viviendo un cambio sociocultural, económico y político continuo y acelerado, de la mano del desarrollo tecnológico, donde no cesan de surgir nuevos modelos económicos, nuevas ofertas, nuevas demandas, nuevas formas de relacionarse, nuevas concepciones del entorno, un nuevo marco en el que las actuales reglas se quedan obsoletas para absorber el nuevo orden en el que estamos adentrándonos.
En los inicios de internet no se llegó a comprender el potencial económico que podía llegar a tener esta nueva herramienta y simplemente se trasladó a la red la experiencia del comercio tradicional. Sin embargo, tras la burbuja de internet se comenzó otra vez desde cero y se empezaron a crear modelos de negocio reales basado específicamente en este canal. Y es aquí donde la economía colaborativa hace su aparición.

El concepto
Podríamos definir la economía colaborativa como un sistema económico en el que la propiedad, una de las grandes bases de nuestro actual sistema, pierde peso en beneficio del intecambio, de la compartición de ideas, bienes o servicios a través de plataformas digitales.
El término “Economía Colaborativa” proviene de la expresión inglesa “Sharing Economy”, acuñado en 2010, entre otros, especialmente por Rachel Bootsman, refiriéndose a la economía del compartir y sobre el que hay cierto consenso. Sin embargo, todos los expertos coinciden en que no hay una definición oficial, única y concreta del término, que cambia a la misma y vertiginosa velocidad a la que lo hace la tecnología.
El intercambio de ideas, bienes y servicios, el consumo colaborativo, no es algo nuevo, se da desde la prehistoria. La economía colaborativa es un concepto superior que tiene más que ver con el productor. La economía colaborativa tiene que ver con el acceso a los activos y con la escala de los intercambios. El desarrollo tecnológico permite poner en contacto a miles o incluso millones de individuos oferentes con igual cantidad de demandantes, cubriendo las nuevas necesidades de un ciudadano con una inquietud más independiente, más participativa.

[sumario]“Compartir es una práctica tan antigua como la humanidad, lo que ha cambiado es la forma de hacerlo. Todos alguna vez hemos compartido la ropa con familia y amigos o el coche con los compañeros de universidad para ir al campus. Ahora la tecnología nos conecta a todos en cualquier momento y desde cualquier lugar“ Vicent Rosso. Fundador en España de Blablacar, plataforma que permite conectar a usuarios particulares que viajan hacia un mismo lugar.[/sumario]

Compartir confianza
Antes de las redes, nuestros círculos de confianza eran muy pequeños, estábamos delimitados por el espacio físico, el barrio, el trabajo, la ciudad. Con las redes empezamos a confiar más allá de nuestros limitados entornos. En primer lugar comenzamos a hablar y después a compartir, tanto ideas como todo aquello que se pudiese digitalizar, empezamos a compartir conocimiento. Internet es, en sí misma, una herramienta colaborativa que revolucionó nuestra forma de realcionarnos. En este sentido, la economía colaborativa era el siguiente paso, la siguiente revolución de Internet, la posibilidad del intercambio, en ilimitados círculos de confianza, de recursos.

Las plataformas
Pero en este intercambio surge la necesidad de espacios virtuales donde ofrecer y demandar estos recursos. Y es aquí donde nace un nuevo nicho, un amplio abanico de nuevas posibilidades, un nuevo modelo de negocio revolucionario, viable y sostenible que da lugar a este nuevo modelo económico imparable, entre otras cosas, porque es útil y la gente lo quiere, que ha llegado para quedarse. Estas webs, llamadas plataformas, sin ser dueños de los recursos, ponen en contacto a los individuos para que ofrezcan aquellos activos que deseen, ya sean ideas, bienes o servicios. Unas plataformas especializadas y que crecen imparablemente llegando a igualarse, en un breve periodo de tiempo, a las grandes empresas de la economía tradicional. Empresas como airbnb, que ofrece alojamiento turístico en viviendas particulares, o Blablacar o el polémico Uber, que ofrece transporte en coches particulares, siempre poniendo en contacto a personas y llevándose un pequeño porcentaje de esta transacción entre particulares, se han convertido en potentes y temidos competidores de las grandes empresas hoteleras o de transportes respectivamente.
Pero la lista de posibilidades es casi infinita, dependiendo exclusivamente de la capacidad e intención de los individuos de ofrecer estos bienes o servicios. A día de hoy, existen plataformas de servicios, de formación, una de las áreas más importantes e interesantes dentro de este sistema económico, logística y alojamiento, podemos compartir el coche, la casa, el tiempo…

[sumario]“Siempre existió el consumo colaborativo, pero internet lo ha convertido en una alternativa real, en el presente y en el futuro, porque es la única forma de generar lazos y un sistema colaborativo a gran escala” Rafael de Ramón. Creador del entorno de colaboración laboral, coworking, Utopic-Us y codirector de Zinc Shower[/sumario]

Sara Magán (gestora cultural y coodirectora de Zinc Shower) y Rafael de Ramón (creador del entorno de colaboración laboral, coworking, Utopic-Us y codirector de Zinc Shower)

Sara Magán (gestora cultural y coodirectora de Zinc Shower) y Rafael de Ramón (creador del entorno de colaboración laboral, coworking, Utopic-Us y codirector de Zinc Shower)

Código abierto
Esta es otra de las bases de la economía colaborativa, la ausencia de patentes. Lo colaborativo y lo abierto van de la mano, están muy vinculados y tienen mucho que ver con el cambio cultural. Este concepto nació dentro del mundo del software, cuando los programadores comenzaron a dar libertad al acceso a los “secretos” de su programación. Sin embargo este concepto se ha ido extendiendo a todos los campos del conocimiento. Para ser colaborativo hay que confiar y para confiar hay que ser transparente y para ser transparente hay que ser abierto. El conocimiento se comparte, se abre, no es propiedad de nadie, consiguiendo una aceleración del progreso y la innovación. Se habla de muebles de código abierto en donde se comparte el diseño, de coches de código abierto…
Un interesante ejemplo de economía colaborativa es la compañía estadounidense Local Motors, quienes sacan a concurso el diseño de un coche entre ingenieros de todo el mundo. La comunidad elige el mejor diseño y va haciendo aportaciones que, a su vez, son valoradas por la misma comunidad. Finalmente, la compañía fabrica ese coche con productores locales y lo ponen el mercado en 18 meses. De cada coche que se vende, un porcentaje va al ingeniero que aportó el mejor diseño, otro porcentaje va a todos aquellos que aportaron especificaciones sobre ese diseño, otro al constructor y una parte pequeña se queda en la plataforma.

[sumario]“No se puede entender un nuevo modelo con los criterios y parámetros del antiguo. Hasta ahora, los términos económicos del sistema eran obscenos y las cifras de dinero que se ganaban eran abusivas. En la economía colaborativa el dinero es importante pero la brecha salarial o de ingresos nunca llega a ser tan grande” Sara Magán. Gestora culural y coodirectora de Zinc Shower[/sumario]

P2P
Hasta ahora hemos hablado del intercambio entre personas, economía Peer to peer, P2P, entre pares, de igual a igual, de persona a persona, y esto es lo que todos nos imaginamos de primeras cuando hablamos de este concepto, pero este es uno de los debates abiertos dentro de la delilmitación de la economía colaborativa. Las plataformas no son las dueñas de los recursos ¿pero qué pasa cuando, como en el caso de carsharing (compartición de coche) o el caso de las bicicletas compartidas en los municipios, cuando la propiedad es de una empresa o de una institución? En estos casos se habla de B2P, business to peer, de empresa a persona, y, aunque haya puristas y detractores, sí se puede considerar como parte de la economía colaborativa. La clave no está en que sea de persona a persona, es indiferente si intervienen empresas o multinacionales, la clave está en el compartir el servicio, la propiedad. El entorno colaborativo demuestra que también en la gestión empresarial e institucional se puede ser más eficiente. Hoy ya se habla de share cities, ciudades compartidas y el reto es ver cómo la economía colaborativa puede hacer más eficiente la administración pública en el entorno urbano. El problema radica en el intento de enmarcar algo nuevo con los mismos parámetros con que se define la economía tradicional.

[sumario]“La economía colaborativa se da en el momento en que nos damos cuenta de que consumir no es necesariamente poseer. Esta es la base de estos modelos de economía colaborativa, lo importante no es ser propietario sino disfrutar de un bien o servicio” Luis Tamayo. Analista de tendencias aplicadas al marketing y a la innovación y parte activa de la plataforma Ouishare[/sumario]
Luis Tamayo (analista de tendencias aplicadas al marketing y a la innovación y parte activa de la plataforma Ouishare)

Luis Tamayo (analista de tendencias aplicadas al marketing y a la innovación y parte activa de la plataforma Ouishare)

Redistribución de la riqueza
Otro gran debate en el terreno de la economía colaborativa es si la riqueza, el beneficio, se redistribuye o no. Esto nos lleva a entender que el usuario de las plataformas colaborativas adquiere un rol que no tenía dentro de la economía tradicional, donde sólo se concebía la producción en un entorno empresarial, en el que éramos asalariados o empresarios, empleadores. Este nuevo modelo genera un nuevo ciudadano que se ha dado en llamar el ciudadano productor, rompiendo la estructura laboral clásica. El ciudadano produce bienes y servicios sin que la empresa sea propietaria de ellos. Ya no se habla de salarios sino de ingresos. La plataforma intermedia, el que ofrece el bien o el servicio es la persona. Esto puede suponer la disminución de la brecha salarial que está polarizando a la sociedad, al redistribuir de manera más equitativa el beneficio del servicio prestado al demandante. Los puristas de la economía colaborativa creen que este modelo pueda llevarnos a una sociedad mejor, más equitativa.

[sumario]“La economía colaborativa es la siguiente revolución industrial, pero es un fenómeno tan transversal que ya sólo el hecho de intentar definirlo es algo titánico” José Luis Zimmermann. Director de la Asociación Española de Economía Digital[/sumario]
José Luis Zimmermann (Director de la Asociación Española de Economía Digital)

José Luis Zimmermann (Director de la Asociación Española de Economía Digital)

Política colaborativa
El cambio sociocultural que ha abierto internet, las redes… abre otra interesante linea dentro de la economía colaborativa que es el concepto de open governance, gobierno abierto, que se vincula directamente con las características de los conceptos de código abierto y eficiencia de la gestión, que hemos tratado anteriormente. En este modelo político, los ciudadanos colaboran directamente, a través de redes tecnológicas, en la creación y desarrollo de las leyes y los servicios públicos con el fin de mejorarlos y obtener total transparencia. Colaboración, participacion y transparencia. Y esto se da porque el ciudadano tiene más interés en participar en sus intereses y en moldear e intervenir en su entorno. Esto es un cambio que, claramente, estamos viendo a día de hoy en los partidos de nuevo cuño que proliferan en nuestro entorno.

[sumario]“El principal e inmediato reto de la economía colaborativa es la regulación. Que estos modelos, esta actividad económica encaje en los marcos normativos que existen ahora mismo. Nosotros somos unos firmes defensores del mercado de la competencia y de la eliminación de barreras. El modelo colaborativo es imparable aunque choque con ciertos intereses particulares o colectivos” José Luis Zimmermann[/sumario]

Legislación
El gran éxito de la economía colaborativa es que ha sabido incorporarse a la economía tradicional, mientras que otros modelos suponen o suponían cambios estructurales demasiado radicales. Sin embargo, por su rápido crecimiento, hasta ahora se ha tratado de acotar la economía colaborativo dentro de las estructuras clásicas, lo que genera grandes conflictos de intereses. El reto radica en asumir que se está en un nuevo entorno, con nuevas reglas de juego y en generar unas estructuras fiscales, legales… que sean acordes con este nuevo modelo. El miedo a este modelo es igual al miedo que se haya tenido a cualquier cambio de modelo anterior. La normalización y regularización es el paso inmediato que se ha de tomar. A este respecto, la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia cree que esta regulación habrá de basarse en dos máximas, la regulación en función del bien común y la no inclusión de barreras de entrada. De esta forma, habrá sectores que haya que regular y otros que desreglar, porque la economía colaborativa es tan transversal que sería un error legislar en función del concepto y no de la libre competencia y de la mejora la vida de los consumidores y el nivel de los servicios, aún en detrimento de intereses sectoriales y partidistas. Porque sólo es cuestión de tiempo que la economía colaborativa pierda este apellido y pase a formar parte de una cotidianidad donde convivan ambos modelos económicos.

[sumario]La economía colaborativa es la siguiente revolución de Internet, en el sentido en el que compartimos átomos. Ya no compartimos bits sino que estamos compartiendo con extraños cualquier tipo de recursos, tanto tangible como intangible” Luis Tamayo[/sumario]

Los riesgos
En principio, como decíamos anteriormente, hay muchos que esperan que la economía colaborativa nos lleve a una sociedad mejor. Sin embargo, según se vayan materializando sus bases, podría llegar a ser absorbido por el sistema, de tal forma que no aporte nada más que riqueza para unos pocos. Porque, aunque dentro del movimiento de economía colaborativa hay modelos que no están basados en el crecimiento, no son empresas sin ánimo de lucro, algo que ha llevado a error desde el principio, y gran parte del riesgo radica en de dónde viene el dinero de la financiación y hacia dónde lleva, según qué formas de la misma.
Por otra parte, este modelo de negocio conlleva un riesgo del que ya se ha empezado a hablar y es la precarización del trabajo. Más allá del problema de la protección laboral del trabajador, un tema a regular, está claro que, a medida que crezcan el número de plataformas, que crezca la oferta, se abaratarán los precios. De hecho, algunas plataformas de transporte de mercancías funcionan ya en base a subastas inversas.
Otro peligro, en consonancia con esta precarización, es la posibilidad de llegar a mercantilizar nuestros propios recursos, nuestra propia vida.
Otra amenaza es que, en un entorno donde la confianza y la opinión de los otros usuarios es tan importante, se genere un mercado de valoraciones. De hecho, sin llegar tal vez a la comercialización de las opiniones y valoraciones de los usuarios, en el sector turístico, a pesar de los límites impuestos por las plataformas y las herramientas de las que disponen, es frecuente el fraude.

[sumario]“La economía colaborativa está acabando con la obsolescencia programada en el sector automovilístico. Los productores se dan cuenta de que el negocio está en ofrecer el servicio y no la propiedad. Les interesa que sus coches duren más” Rafael de Ramón[/sumario]

 

 

 

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