La madrileña tienda Caribbean, de monopatines y moda “surfera”, es un mítico lugar que llenó de ilusiones de colores a varias generaciones de jóvenes desde el momento que abrió sus puertas en el año 1975. “Doc” es mucho más que su creador, este hombre que hoy luce un despeinado pelo blanco, ha sido el entusiasmado precursor del deporte del monopatín en España, así como el responsable de cambiar el vestuario de una generación que comenzó a vestir al estilo californiano.

José Antonio Muñoz (en la imagen de arriba) es maño y nació en el año 1953, pero cuando era muy pequeño su familia se trasladó a vivir a Madrid. Su padre era abogado y la familia de su madre vendía muebles clásicos. A José Antonio le gustaba mucho hacer deporte y lo compaginaba con sus estudios de Derecho y Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. 

Su padre era aficionado al patinaje sobre ruedas y le gustaba ir al Retiro hasta que un día le regaló los patines a su hijo José Antonio. “Mi primera sensación de deslizarme sobre el suelo”, explica el dueño de la tienda Caribbean.

Carrilanas y patines de ruedas

Su pandilla del barrio de los Jerónimos, donde vivía, comienzan a frecuentar El Rastro donde compraban rodamientos de camión para construir “carrilanas”, unos artilugios de madera con tres ruedas, para lanzarse calle abajo por la calle Huertas y Espalter.

La familia veraneaba en Fuenterrabía y José Antonio se aficiona al surf, alimentando su pasión por el equilibrio sobre una tabla. Paseando una tarde por Biarritz ve por primera vez un monopatín (de la marca Chicago) en una tienda. Su alto precio y su momento surfero, hacen que no le preste demasiada atención.

Con 15 años compraría su primer monopatín, un Sancheski -El primer monopatín que se vendió en España, fabricado por la familia Sánchez, de Irún, que salió al mercado en 1966- Pero las ruedas de caucho no le duran ni dos semanas, y busca en la Cámara de Comercio la dirección del fabricante al que le pide por carta repuestos para su monopatín. A los 15 días, recibe una caja con sus nuevas ruedas.

San Francisco

En 1973, su padre le manda un verano a San Francisco, a la Universidad de Berkeley, para estudiar un curso de inglés. Ese año las ruedas de los monopatines pasan de ser de caucho, baquelita, o madera, a ser de uretano y se introducen los rodamientos de maquinaria, lo que provoca una revolución del “skate” en los Estados Unidos.

José Antonio paseaba por la universidad californiana cuando un chaval le pasa a gran velocidad subido en un patín, haciendo giros y sin hacer ruido. “Me voy corriendo detrás y le alcanzo en un cruce, para preguntarle dónde había comprado el cacharrito sobre el que volaba por la ciudad. Me da la dirección de una tienda en el barrio de Oakland y me gasto toda la pasta que mi padre me había dado para comer en dos monopatines. El resto del mes me atiborraba en los desayunos de la universidad y me colaba en las fiestas para comer y sobrevivir sin un dólar en el bolsillo”.

Cuando vuelve a Madrid, la gente comienza a pararle por la calle cuando le ven subido a esas tablas rodantes tan llamativas. Lo que le da la idea de comenzar a importan monopatines. 

 

Caribbean Ministerios 79 JA Caribbean - Caribbean: la historia de la tienda que trajo el monopatín a Madrid

“Doc” patinando en Nuevos Ministerios hace 45 años.

 

“Patinábamos en la zona de Nuevos Ministerios y Azca, que se estaba construyendo, y yo vendía monopatines importados desde el maletero de mi coche, un Seat 133”.

Su negocio comienza a crecer y le pide a su amigo Paco, dueño de Cimarra Sport, que le alquilara una parte de su tienda para vender sus monopatines.

Caribbean

En 1975 Cimarra Sport cierra y José Antonio se queda con un pequeño espacio de la tienda que reinaugura con el nombre de Caribbean, en la calle Columela.

Su novia Belén, que estudiaba psicología, comienza a ayudarle en la tienda porque las colas eran tan grandes que deciden abrir todos los días, mañana y tarde, para poder atender a todo el mundo que se entusiasmó con lo que vendían.

 

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Belén y Doc en su tienda Caribbean de la calle Ayala 110. Madrid.

 

Le llamaremos Doc

Un día deciden salir de “cruiser” como tantas veces, pero esta vez lo harán disfrazados. A José Antonio se le ocurrió coger una bata blanca y cardarse el pelo para se le pusiera de punta, imitando a “Doc”, el personaje de Emmett Brown en la película “Regreso al futuro”. Su amigo Rat le comienza a llamar Doc y desde ese momento, todo el mundo del skate en Madrid y después en España, le conoce por este mote.

En 1979 se involucra en el plan de construir el primer skate park de España, que finalmente lograrían inaugurarlo en el Parque Sindical, tras meses de trabajo de los propios patinadores amigos, con ayuda del ebanista, Tomás Moreno, y el permiso del director de la famosa piscina pública.

Doc ha competido en diferentes certámenes de skate a lo largo de su vida. Hoy, sigue inscrito en competiciones de slalon, donde es el deportista europeo de mayor edad.

 

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Generación tras generación los skaters han aprendido de la experiencia de Doc. Hoy, hasta los más pequeños siguen preguntándoles por sus míticos e históricos monopatines, que expone en su tienda.

 

Pioneros en traer la moda California

En Madrid más allá de los monopatines, los jóvenes de los años 80 y 90 acudían a Caribbean a buscar camisetas de colores muy llamativos. Desde su escaparate lanzaban impactantes imágenes de una moda americana nunca vista antes en España.

Doc y Belén han sido pioneros en traer y poner de moda las camisetas de algodón, con manga corta y colores inspirados en California, las revolucionarias zapatillas de tela y cuadros, como fueron las Vans, de las que fueron sus primeros importadores, y también son los culpables de que una generación cambiara las carteras por las mochilas o de que calcemos chancletas de playa. 

“He vendido miles y miles y miles de zapatillas y camisetas”, cuenta Doc.

Actualmente la salud de este deporte sigue al alza. Las Olimpiadas de Tokio iban a ser las primeras que incorporarían este deporte, pero el Covid19 ha retrasado el histórico momento hasta el verano de 2021. 

Doc y Belén son padres de Borja (38 años) y de Nacho (36), ambos skaters y surfistas como sus progenitores, que siguen al pie del cañón disfrutando de su tienda-taller y de transmitir su pasión por ese deporte que se cruzó hace ya más de cinco décadas en la vida de José Antonio.

 

Puedes visitar su tienda online aquí.

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