Un lunar no tiene por qué cumplir el ABCDE* para ser una lesión maligna

*(asimetría, bordes irregulares, color, diámetro y evolución)

Casi 5.000 personas fueron diagnosticadas con cáncer de piel en nuestro país en 2015, unas cifras que aumentan cada año y que se estima que, durante al menos los próximos 20 años, no disminuyan. ¿Por qué? ¿No surten efecto las campañas de prevención solar? No, la respuesta no está en la ineficacia de estas campañas, sino en la memoria de la piel. Una quemadura solar no se traduce en un melanoma en uno o dos años, sino en unos 20 años, ya que los cambios que se generan en la piel para que acabe apareciendo una lesión de este tipo requieren de bastante tiempo. El reto está, de hecho, en que la incidencia de melanoma empiece a bajar dentro de 20 años.

Paradójicamente, este aumento exponencial de la incidencia de melanoma no se traduce en un aumento directo de la mortalidad. ¿Por qué? Gracias fundamentalmente al diagnóstico precoz, uno de los objetivos que sí han conseguido ya las campañas de concienciación. Un melanoma detectado a tiempo se cura con una leve intervención quirúrgica y no precisa de tratamientos de quimioterapia o radioterapia, un avance importantísimo en un tipo de cáncer que hace solo unos años acumulaba una mortalidad muy importante.

“Una quemadura solar no se traduce en un melanoma en uno o dos años, sino en 20 años”

Pero ¿sabemos cuándo acudir al dermatólogo? ¿Cómo debe ser un lunar para que decidamos pedir cita en la consulta del médico? Actualmente, existe un ABCDE que contesta a esta pregunta y que señala que la Asimetría (si las dos mitades del lunar no son iguales), los Bordes irregulares o difusos, diferentes Colores en un mismo lunar, un Diámetro mayor de 6mm o una Evolución en el tiempo son factores que deberían llevar a la persona portadora de ese lunar a la consulta del médico.

Pero la realidad es que un lunar no tiene por qué cumplir estos cinco puntos para ser un melanoma, por lo que conviene acudir al dermatólogo también ante un lunar que te llama la atención de repente, por uno u otro motivo, independientemente de si es un lunar nuevo o un lunar que lleva contigo muchos años. Además, es muy importante revisar las plantas de los pies y el espacio entre los dedos, lugares en los que pueden aparecer lesiones de este tipo, dado que son partes del cuerpo que no protegemos, y que no solemos mirar muy a menudo.

Además, otro aspecto a tener en cuenta son los factores de riesgo. Una persona con piel clara, pelirroja, que nunca se pone morena y con pecas debería acudir al dermatólogo al menos una vez al año, sobre todo si está expuesta de manera habitual al sol, ya que su riesgo de tener un melanoma es mucho más alto que el de una persona de raza negra o piel oscura, personas con la piel mucho más dura y más resistente al sol. Unas personas que, pese a ello, también deberían utilizar factor de protección 30 o superior para exponerse al sol.

El sol no es malo y no hay que abandonar el hábito de ir a la playa o acudir a una terraza, pero sí es importante medir cuándo y cuánto tiempo se hace. No tener miedo al sol, pasear o hacer deporte a partir de las 6 de la tarde es altamente recomendable y tiene importante beneficios para la salud, mientras que la exposición al sol al mediodía es muy peligrosa para todo el mundo, independientemente del tipo de piel.
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