No existen dos pacientes iguales afectados por un tumor neuroendocrino

Entre cinco y seis personas de cada 100.000 son diagnosticadas cada año en nuestro país con un tumor neuroendocrino, un tipo de cáncer poco frecuente que se origina en las glándulas del sistema neuroendocrino (hipófisis, tiroides, glándulas adrenales…) o en las células neuroendocrinas (que se localizan en el tracto gastrointestinal o en el tracto respiratorio). Al afectar al sistema endocrino, en muchas ocasiones estos tumores provocan alteraciones en la producción de hormonas, que son las encargadas de “regular” muchos procesos cotidianos y muy diferentes del organismo.

Hay hormonas que se encargan de la regulación del azúcar, otras de los procesos digestivos o de la presión arterial, de aspectos relacionados con la piel… de forma que los síntomas de un tumor neuroendocrino pueden ser diarrea, subida de azúcar, bajada de azúcar, alteraciones cutáneas, o hipertensión arterial. “No conozco a dos pacientes con tumor neuroendocrino que sean iguales entre sí, que se comporten de la misma manera”, asegura el Dr. Enrique Grande, jefe del Servicio de Oncología Médica de MD Anderson Cancer Center Madrid y uno de los especialistas con mayor experiencia de España en este tipo de tumores neuroendocrinos.

Además de la alteración en la producción hormonal, la localización exacta del tumor y su agresividad, entre otros factores, también pueden afectar al comportamiento del cáncer, lo cual establece todavía más diferencias entre estos pacientes. Por eso, lo complicado de estos tumores es el diagnóstico; si se logra diagnosticarlos en una etapa inicial, la tasa de curación es muy alta, de hasta el 90%. Sin embargo, si ya ha dado metástasis cuando se diagnostican, difícilmente se puede hablar de curación.

“Lo complicado de estos tumores es el diagnóstico. La tasa de curación es de hasta un 90% si se logra diagnosticar de forma temprana”
Pese a la diversidad existente en cuanto a sintomatología, sí existe un conjunto de síntomas característicos que aparecen en muchos pacientes con tumores neuroendocrinos del intestino delgado. A este conjunto de síntomas se le llama “síndrome carcinoide” y se caracteriza por episodios de diarrea, sofocos, taquicardias y sudoraciones. Más allá de estos síntomas más o menos homogéneos, el diagnóstico de estos tumores suele producirse al realizarse una prueba de imagen rutinaria, al realizar por ejemplo un TAC o una ecografía por cualquier otro motivo.

Sobre el tratamiento, no suele utilizarse quimioterapia y, próximamente, podrían empezar a utilizarse radiofármacos, es decir, fármacos unidos a átomos radiactivos, que liberan su radiación al unirse a la molécula y la destruyen. Aunque esta técnica todavía no puede utilizarse como tratamiento habitual en la mayoría de centros en nuestro país, sí es posible recurrir a ella ya en algunos centros altamente especializados, tanto para el diagnóstico como para su tratamiento, tal y como explica el Dr. Grande: “Mediante el empleo de radionúclidos, un elemento radioactivo utilizado en pruebas de imagen, somos capaces de detectar la localización exacta de las células malignas típicas de los tumores neuroendocrinos y enviarles el componente radiactivo que acabará con ellas.”, destaca.

De esta forma, el tratamiento es mucho más concreto y personalizado, algo que en estos pacientes cobra aún más importancia que en otros pacientes oncológicos ya que nos permite un tratamiento muy duradero en el tiempo con escasos efectos adversos.

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