“Soy actriz, no humorista y puedo ser más seca que un ajo”

Carmen Machi es la actriz más conocida y querida en nuestro país, la televisión la encumbró hasta los límites de la popularidad con el personaje de aída, aunque también fué quien le robó parte de su felicidad. Conversando con ella se descubre a una mujer amable, de trayectoria gigante sobre los escenarios y mucha profesión en sus venas. Esta vez nos sentamos a charlar sobre su última película, “El tiempo de los monstruos”, otro gran trabajo de esta madrileña a la que le encanta Malasaña y el Real Madrid.

Entrevista de Javier Estrada. Fotografías de Ana Alcocer, de Espacio Ananas. Maquillaje y Peluquería Luis & Tachi Peluqueros.

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¿Qué tenía en la cabeza aquella Carmen Machi de 17 años cuando comienza a hacer teatro?
Mi aspiración era hacer teatro y hoy puedo decir que lo he cumplido. Creo que más del sesenta por ciento de mis trabajos han sido en el teatro. Para mí un actor era eso, me parecía la vía natural y la única que podía conseguir. En esos principios, hacer cine me parecía algo absolutamente irreal y nunca se me pasó por la cabeza.
¿Siempre has querido ser actriz?
Sí, no recuerdo pensar en otra cosa. Creo que más que un sueño de niña fue casi una necesidad. Y mi objetivo fue estudiar teatro en Londres. Hoy en día el teatro sigue siendo la fuente de alimentación que me ayuda a hacer otras cosas.
¿Ha habido más alegrías o decepciones en esta ya larga trayectoria?
He tenido un camino muy plácido, desde que me subí por primera vez a un escenario he vivido de esto. Solamente he dejado de trabajar cuatro meses de mi vida y fue porque decidí trabajar en un pequeño proyecto, que elegí porque ética y sentimentalmente así lo entendí, frente a otro mayor. No me arrepiento, pero sí me sirvió para darme cuenta de lo importante que es la toma de decisiones y saber elegir proyectos.
¿Y has aprendido a escoger proyectos?
Qué va! Pero no hay que tener miedo. La decisión más importante es la de decir que no. Es la que más cuesta y la más liberadora.
Tras diez años interpretando a Aída, ¿fue sencillo decir no?
Dije no y ya está. Ni hay más miga, ni más tela que cortar. No tenía miedo a encasillarme, no me aburría, no me pasaban trenes que no podía coger… No, y ya está! Y no fui consciente de que fuera una decisión valiente, como desde fuera se opinaba: “¿Pero qué valiente?” Cobarde es quedarse donde no quieres estar.
¿Y cuál fue tu razón?
Ninguna concreta. Tuve mucha suerte con compañeros, guiones y con todo, pero alcanzó demasiada fama y creo que fue uno de los motivos.
¿Pero te pesaba el exceso de popularidad?
Sí, pero la decisión fue profesional como he hecho con otros personajes.
¿Hubo un cierto vértigo el día después de dejar Aída?
No, no cambia nada porque Aída no se diferencia de otro personaje. Aunque es verdad que me estaba asfisiando un poco. Soy asmática y en esa época todo se complicó. Tuve cierta fobia al ser humano, incluso agorafobia, pánico a salir del portal de casa, y me estaba cambiando el carácter. Una de las cosas que más me gustó descubrir es que tenía que ser un poco más egoísta y pensar más en mí.
¿Cómo te enfrentas a tu trabajo de actriz?
Tengo un respeto sumiso al director. No me gusta hacer juicios previos, soy muy neutra cuando comienzo a trabajar un personaje, no hago un trabajo de investigación previo, salvo que necesite hacer una creación concreta; si hay que ser motorista aprendo a montar en moto.  Y las cosas del ama las dejo para cuando empiecen a pasar, no me gusta apretarlas.
Para escoger un trabajo me tiene que gustar el guión, el director y también tiene que ver con qué compañeros me haya tocado trabajar.
¿Qué viste en el guión de la película “El tiempo de los monstruos”?
Terminé la primera lectura y dije: “qué maravilla, no me he enterado de nada”, que es lo que luego le pasa al espectador con la película.
Cuando nos reunimos todos para comenzar el rodaje, supe que a todos nos había pasado lo mismo. Menos mal, porque ya estaba pensando que era lerda, no, lo siguiente!
Además, de todo esto, la película es un homenaje póstumo a Dunia Ayaso, compañera de vida y profesión del director Félix Sabroso y amiga íntima de todos los que hemos hecho la película. La pérdida de Dunia en nuestras vidas supuso algo casi traumático porque fue inesperado y un palo muy gordo.
Félix, poco antes de morir Dunia, estaba a punto de terminar este guión para que Dunia lo dirigiera.
Sin duda una película diferente en la que el espectador disfruta mucho de cada interpretación y luego, reflexionando sobre la realidad, la ficción o los miedos que cada uno de nosotros tenemos. Y a ti ¿Quién te pone los pies en la tierra?
Es que soy un poco antigua, tengo la formación del actor de antes. Yo he viajado con la furgoneta por los pueblos haciendo tres funciones diarias y durante muchos años he cargado y descargado esa furgoneta. Así que tanto la importancia que se le da al actor, que siempre me ha parecido excesiva porque no tiene el glamour que se le presupone, como el curro que de verdad tiene nuestro trabajo, siempre lo he tenido muy claro. Yo soy una currita y en mi cabeza es lo que siempre he sido. Además de la popularidad que te da la televisión, también hay que contar, por ejemplo, que yo en alguna ocasión he tenido que salir corriendo de un hotel porque el empresario no nos había pagado la función de la noche anterior. Por lo tanto los pies en la tierra me los he puesto siempre yo sola.

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“Tuve la suerte de criarme en Madrid cuando estaba Tierno Galván, el mejor alcalde del mundo, que nos enseñó a todos tolerancia”

Está claro que te gusta tu profesión, pero no tanto lo que les sucede a las actrices cuando se apagan los focos.
Soy una actriz que también ha aprendido a hacer el personaje de actriz; la que sale en los photocall, la que se pone el tacón y la que es muy simpática. Es que el espectador no sabe que yo no le he hecho reír, quien lo hace es un señor guionista, le ha hecho reír un personaje cojonudo, le ha hecho reir una situación con la que ha empatizado, pero yo soy actriz, no soy humorista y puedo ser más seca que un ajo.
Con todo lo que Aída ha hecho reir y con el cariño que imagino habrás recibido por interpretar el personaje, ¿con qué otro trabajo de tu carrera lo puedes comparar?
Por fortuna normalmente conecto así con mi público. Haciendo en el teatro La tortuga de Darwing o Juicio a un zorra  (personajes muy premiados), los silencios son tan importantes como las risas,  en el patio de butacas se producen verdaderas catarsis y siento que llego de la misma forma o más intensamente al público. Y si no fuera así, no trabajaría tanto. El subidón de Aída no es lo más importante que me ha pasado en la vida, claro que no! Toda esa popularidad me restó felicidad.
¿Cómo disfrutas de Madrid?
Soy una madrileña que disfruto de Madrid y del Madrid! Soy malasañera y me gusta esta ciudad magnífica en la que casi nadie es de Madrid (ella sí), que es una especie de jungla en la que sus ciudadanos se ayudan mucho y aunque te puedas sentir solo, es difícil que no recibas ayuda de alguien, incluso de gente anónima. Madrid es una ciudad muy hospitalaria en la que no tienes que dar explicaciones.
Me gusta mucho mi barrio, me gusta mucho tomar las cañas mejor tiradas del mundo, ir al cine, al teatro. Además, tuve la suerte de criarme en Madrid cuando era la mejor ciudad del mundo porque entre otras cosas estaba Tierno Galván, que era el mejor alcalde del mundo, y nos enseñó a todos lo que era la tolerancia.

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