Parque de El Capricho, una extravagante finca romántica para la duquesa

Por Luis Pérez Nieto
Historiador del arte y gestor cultural.
Presidente de Madrid en Ruta, cuyo objetivo es dar a conocer el patrimonio de Madrid.

Este increíble parque, repleto de curiosidades y anécdotas, que no hay que dejar de visitar, data de principios de s. XIX y es el resultado de un capricho y de la unión del talento y la sofisticación fruto del matrimonio de la duquesa de Benavente, María Josefa Alonso Pimentel y el IX duque de Osuna, Pedro Téllez de Girón, dos personajes, educados en un entorno artístico liberal y afrancesado, proclives al arte.
Exedra del parque del Capricho, 1879. Construída en memoria de la Duquesa de Benavente por su nieto Pedro. La exedra albergaba un busto de la Duquesa, rodeado por esfinges (exactamente iguales que las del palacio de Liria) y toda la plaza estaba a su vez rodeada de bustos de emperadores traídos desde Italia, 64 bustos de los que quedan ton solo unas cuantas copias de los originales.

Exedra del parque del Capricho, 1879. Construída en memoria de la Duquesa de Benavente por su nieto Pedro. La exedra albergaba un busto de la Duquesa, rodeado por esfinges (exactamente iguales que las del palacio de Liria) y toda la plaza estaba a su vez rodeada de bustos de emperadores traídos desde Italia, 64 bustos de los que quedan ton solo unas cuantas copias de los originales.

Será la duquesa, Mª Josefa la impulsora de la creación de El Capricho. La Duquesa de Osuna, prototipo de mujer liberal ilustrada y afrancesada, amante de las artes, la música, la poesía y la pintura, llego a encargar obras a artistas de la talla de Hayden, Boccherini, Ramón de la Cruz o Goya (de este último fue su mecenas y amiga personal). Siguiendo el ejemplo de la reina Mª Antonieta en Versalles, la duquesa decidió crear El Capricho para servir como escenario para sus juegos, conciertos, reuniones etc. En lugar de elegir la Vega del Tajo, como la mayoría de nobles de la época, que edificaban fincas de recreo cerca del real sitio de Aranjuez, la duquesa elige unos terrenos en el pueblo de la Alameda.

Plaza de los duelistas del parque de El Capricho, mediados del s. XIX. Según la tradición este lugar fue escenario de duelos entre caballeros, y consta de una longitud de 40 metros, que era la reglamentaria para batirse en duelo. Fue el primer lugar de Madrid donde también se llevaron a cabo carreras de caballos.

Plaza de los duelistas del parque de El Capricho, mediados del s. XIX. Según la tradición este lugar fue escenario de duelos entre caballeros, y consta de una longitud de 40 metros, que era la reglamentaria para batirse en duelo. Fue el primer lugar de Madrid donde también se llevaron a cabo carreras de caballos.

Construcción
Es el primer jardín romántico de Madrid y el jardín donde los caprichos de la duquesa se verán reflejados en diversos ambientes escenográficos. Se pueden distinguir tres etapas en la construcción del Parque. La primera abarca hasta 1807, y acaba con el fallecimiento del Duque. La segunda etapa iría desde la Guerra de la Independencia hasta 1834, año en que muere la Duquesa. Durante la Guerra de la Independencia, la duquesa huyó a Cádiz aunque siguió pendiente de su querido jardín y a la vuelta en 1815, encargará a López Aguado el Gran Casino para bailes. La última etapa comprende las reformas acometidas por su nieto Pedro, entre ellas la columnata de la fachada del palacio, construyendo una exedra en memoria de la duquesa de Osuna. La última etapa de El Capricho fue una época de declive, donde el parque se convierte en un verdadero zoológico a manos de Mariano, el otro nieto de la duquesa. Tras la muerte del X Duque de Osuna la evolución del Parque iría de mal en peor. Aunque lo peor estaba por llegar. Tras la revolución de 1868 la familia de Osuna empobreció de tal manera que tuvieron que vender todos sus bienes, incluido El Capricho.

El fortín, 1856. Un lugar para juego de soldados y guerra, que imita las ciudades fortificadas del Renacimiento italiano, como la ciudad Sforzinda. Este nuevo capricho de la Duquesa tenía permanentemente un par de soldados que lo custodiaban vestidos de militares. El fortín, rodeado de un foso de agua, contaba con una serie de complementos desaparecidos, tales como doce cañones de bronce, una garita y un puente levadizo de madera.

El fortín, 1856. Un lugar para juego de soldados y guerra, que imita las ciudades fortificadas del Renacimiento italiano, como la ciudad Sforzinda. Este nuevo capricho de la Duquesa tenía permanentemente un par de soldados que lo custodiaban vestidos de militares. El fortín, rodeado de un foso de agua, contaba con una serie de complementos desaparecidos, tales como doce cañones de bronce, una garita y un puente levadizo de madera.

La visita
Una buena forma de recorrer el parque de El Capricho es dejarse perder entre los diferentes escenarios que salpican todo el conjunto y sorprenderse a cada paso con este magnífico ejemplo de jardín romántico en Madrid.

Casa de la Vieja, seguramente el lugar más “caprichoso” del parque. Se trata de una casa rústica de materiales pobres que imitaba una casa de labranza. Contaba con autómatas y trampantojos que hacían de la casa un escenario realista. Constaba también de una habitación llamada “gabinete de musgo” donde la duquesa se refugiaba del calor estival de Madrid debido al frescor que proporcionaba la humedad de la habitación para que hubiese musgo por todas las paredes. La planta superior tenía un salón con pinturas neoclásicas.

Casa de la Vieja, seguramente el lugar más “caprichoso” del parque. Se trata de una casa rústica de materiales pobres que imitaba una casa de labranza. Contaba con autómatas y trampantojos que hacían de la casa un escenario realista. Constaba también de una habitación llamada “gabinete de musgo” donde la duquesa se refugiaba del calor estival de Madrid debido al frescor que proporcionaba la humedad de la habitación para que hubiese musgo por todas las paredes. La planta superior tenía un salón con pinturas neoclásicas.

Fruto del capricho de la Duquesa nos encontramos con una plaza de toros, falsos bosques, exquisitos rincones, esculturas de dioses y emperadores, una plaza para duelos, exedras, un lujoso palacio, un laberinto de 6,5 km, fuentes, lagos y estanques para los que la duquesa llegó a comprar una góndola veneciana para sus paseos, un templo dedicado a la diosa Venus, un edificio de estructura similar al Museo del Prado (el Duque de Osuna fue el primer director del museo del Prado, cuando era museo de ciencias naturales), un fortín militar con soldados auténticos que lo custodiaban permanentemente, un castillo, un río navegable con el puente de hierro más antiguo de España, una casa a imitación de las casas de labranza de la época, un bunker e incluso una ermita bizantina construida con materiales pobres y envejecida con grietas para dar mayor sensación de antigüedad. En la ermita vivía Eusebio, un ermitaño que rezaba por el alma de la Duquesa y su familia. Eusebio tenía prohibido cortarse las uñas y el pelo. Cuando Eusebio murió, se le sustituyó por un maniquí.

PALACIO

El palacio, mediados del s. XIX. Residencia estival de los duques, nunca fue pensado como residencia habitual sino como lugar de recreo para recibir a sus ilustres huéspedes. El palacio tiene la típica tipología de palacio madrileño, aunque su aspecto blanco y rosa le da un carácter más refinado, y con la remodelación de su nieto en 1838 se añadió un cuerpo de columnas y una serie de tondos decorativos que sofisticaron aún más el conjunto.

El palacio, mediados del s. XIX. Residencia estival de los duques, nunca fue pensado como residencia habitual sino como lugar de recreo para recibir a sus ilustres huéspedes. El palacio tiene la típica tipología de palacio madrileño, aunque su aspecto blanco y rosa le da un carácter más refinado, y con la remodelación de su nieto en 1838 se añadió un cuerpo de columnas y una serie de tondos decorativos que sofisticaron aún más el conjunto.

Hoy en día El Capricho, bien de Interés Cultural, perte-nece al ayuntamiento de Madrid tras ser comprado en los años setenta a un magnate mexicano y haber pasado por una compañía de hoteles que pretendía transformarlo en un recinto hotelero, una inmobiliaria o la familia de banqueros alemanes Bauer.

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