Luis Piedrahita: “Los políticos españoles son necesarios y sustituíbles”

Foto Javier Biosca

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Hablamos con un gallego (La Coruña, 1977) mágico y genial, capaz de muchas cosas sobre un escenario, pero sobre todo de hacer reir desde la más deliciosa y amable forma de humor.
Luis Piedrahita es mago, humorista, cineasta y escritor y tiene un divertido espectáculo en los Cines Callao de Madrid que ha titulado “Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas”

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De niño, ¿qué querías ser de mayor?
Inventor. ¿Inventor de qué? me preguntaban mis padres. Inventor de inventos. Después quise ser médico pero a los dieciséis descubrí que si veo sangre me desmayo. Y la “desmayabilidad” es una virtud de la que se puede sacar más provecho siendo humorista.
¿Cuándo supiste que tenías el don de ver con lupa cada detalle de nuestras vidas?
No sé si fue en un momento concreto, creo que no. No fue una de esas decisiones que se toman en un momento determinado como la decisión de hacerse un piercing o la de casarse con un futbolista, no. Es más bien algo que va sucediendo de modo irremediable, como quedarse calvo. Uno va haciendo lo que puede, o lo que más o menos le sale bien y de repente, un día sin esperarlo, le preguntan a uno cuándo decidió dedicarse a hacer humor de lo cotidiano. Esa decisión no la he tomado nunca pero poco a poco, sin darme cuenta, es lo que he estado haciendo estos últimos 25 años.
¿Y de hacer humor?
El humor es una actitud en la vida. Es una forma de mirar. Se tiene o no se tiene, independientemente de cuál sea tu profesión. Siempre me ha gustado ver la vida desde ese prisma escéptico, un poco nihilista, medio estoico, relativista, cachondo, tierno y poético que es el “humorismo”. El humor no soluciona los problemas de la vida, pero los hace soportables. Funciona como un lubricante. Es de las pocas cosas que lo consigue.
Y la magia, ¿cómo llega a tu vida?
Descubrí esa afición en la adolescencia, que es la edad en la que surgen las pasiones. La magia en aquellos años era como una novia para mi: me robaba el sueño, ocupaba casi todo mi tiempo y mantenía mis manos ocupadas. Me encantaba ver a Juan Tamariz en la tele, a Pepe Carroll, Rene Lavand… Cada vez que estos señores aparecían, el mundo era un lugar mejor.
En «Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas», tu último espectáculo, te atreves a interactuar con el público, ¿cómo está España de sentido del humor?
España es tierra fértil para el “humorismo”. De hecho, la obra cumbre de la literatura hispánica es una obra humorística; El Quijote es una novela humorística. En este país hemos aprendido a reír por no llorar. Me parece una buena opción. Pero hoy en día está la cosa rara. La lista de los temas intocables se está incrementando muchísimo. Si echamos la vista atrás, cuarenta años atrás o más, nos damos cuenta de una realidad un poco triste: hace años vivíamos una época en la no se podía hablar de nada, luego vino una época en la que se podía hablar de todo y ahora estamos en una época en la que parece que se puede hablar de todo pero en realidad no se puede hablar de nada. Qué se le va a hacer. Seguimos adelante. Cuando no se puede hablar de las cosas surgen algunas de las formas de humor más ingeniosas.

Foto Javier Biosca

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Se te ve muy a gusto sobre el escenario, el control es total, ¿cuáles son las claves?
Siempre he hecho este tipo de espectáculos. No conozco otra cosa. Reconozco que parece meritorio, y casi un milagro, que un cuerpecito “lombriciento” como el mío llene un escenario. Bueno, es lo que aprendí a hacer desde el primer día. Estoy yo solo ahí arriba y me gusta que sea así. Me gusta que todo lo que sucede en el escenario esté bajo mi control y para eso, lo mejor es que no haya nada más.
Las claves que te puedo dar no creo que se puedan extrapolar a todos los artistas. A mi me funciona lo único que sé hacer y lo que sé hacer siempre pasa por el minimalismo, lo pequeño, lo abarcable, lo nimio, lo ligero, lo insignificante, lo que puedes llevar contigo toda la vida aunque no tengas una maleta.
Muchas veces limitar los recursos hace más fértil el campo de la creatividad. El arte se hace de ausencia y cuanto menos haya sobre el escenario, más puede imaginar el espectador. La imaginación del espectador es un aparato potentísimo y eficaz. Por ese motivo casi siempre nos gusta más el libro que la película… Y sí, te garantizo que funciona pensar en el espectador. Pensar únicamente en que los asistentes se lo pasen bien. El show está pensado para que el público disfrute y para que todo aquel que venga salga mejor de lo que entró. Esa es la clave.
¿Cómo de importantes son esas “pequeñas cosas” a las que tanta atención dedicas y qué opinas de las prioridades que, en general, parece tener nuestra sociedad?
Las cosas pequeñas son la excusa perfecta para hablar de los grandes temas. Cada objeto y cada comportamiento cotidiano esconde una metáfora y una reflexión sobre la condición humana. Es como un caballo de Troya en el que lo grande cabe en lo pequeño. Las cosas pequeñas son las que hacen de la vida algo realmente grande.
¿Tienes una definición para los políticos españoles?
Necesarios y sustituíbles.
¿Qué es lo que más te gusta hacer fuera de un escenario?
Reír, comer, charlar, amar… Y no en ese orden. Vivir.

“Cuando no se puede hablar de las cosas surgen algunas de las formas de humor más ingeniosas”

Tu último libro, “Cambiando muy poco algo pasa de estar bien escrito a estar mal escroto” es un prodigio de creatividad, humor y quizás, ¿una llamada de atención a la importancia de la palabra?
Todo libro es una llamada a la lectura y a la formación. Pero lo importante es que es un libro divertido, muy divertido. Es lo único que es. Mi única aspiración es que el lector se ría muchísimo. Incluso cuando esté solo: en el metro, en su casa, en una cafetería. Nunca estamos tan guapos como cuando sonreímos sin que nadie nos vea.
Sin embargo, de modo indirecto, le podemos arrancar otra utilidad a este libro. Las palabras son las herramientas del pensamiento. Son la única pieza con la que podemos construir nuestras ideas. Todas esas ideas que hay en nuestra cabeza están hechas de palabras. Y solo gracias a las palabras podemos compartirlas, intercambiarlas… No solo las ideas, también los sentimientos. Y pensar en las palabras, aunque sea para hacer humor, es una manera de enseñar a pensar. Aprender a ver las relaciones que hay entre ellas, los juegos y combinaciones que permiten… Todo eso ayuda a aprender a pensar. Pero no te olvides. Este libro esta pensado para pasarlo bien. Solo para eso.

Foto Javier Biosca

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¿Qué crees que significa hoy para el leguaje y las relaciones personales la aparición de Internet y cómo moldeará nuestra sociedad a corto plazo?
Internet es algo que raya en el milagro. Es muy superior a lo que nos imaginábamos que iba a ser el futuro  en los años 80 y 90, cuando creíamos que el futuro consistiría en coches voladores. Luego, cuando llegó el año 2000 y los coches seguían rodando por el suelo, fue una decepción terrible. Nadie se dio cuenta de que Internet era muchísimo más espectacular. ¡Tener todo el conocimiento humano al alcance de un click es magia! Todo el cine, todos los libros, toda la música, las personas… ¡todo! El problema es que por la misma ventana por la que dejas entrar a las mentes más brillantes de la humanidad, también se cuelan las más estúpidas. Aún así vale la pena. Yo creo que Internet es una revolución todavía mayor de lo que fue la imprenta.
¿Qué haces para relajarte?
Me gusta ensayar magia, ver cine, leer, reír… realmente es como si siguiera trabajando.
¿Cómo explicas ese gesto constante que haces con la mano para peinar tu flequillo gigante. ¿Es un tic, eres un presumido, te molesta pero no te atreves a cortarlo…?
No soy presumido. Eso que hago es necesario para poder ver. Y cortarlo sería demasiado dramático. Solo soy partidario de la amputación cuando no queda otro remedio.
¿Qué música te gusta?
La buena.
¿Qué comida te gusta?
La buena, pero también la mala. Casi te diría que la mala me gusta más que la buena.
¿Qué te inspira?
La mejor fuente de inspiración siempre es una fecha de entrega. Es cuando las ideas aparecen como setas después de la lluvia.
¿Qué es lo último que te has comprado?
Un abrigo azul.

 

libro piedrahita

Este es el séptimo libro que escribe Luis Piedrahita. Además, ha escrito un libro de magia y otro infantil. En este caso propone 222 palabras nuevas que dan nombre a situaciones que todos hemos vivido y que hasta ahora no sabíamos cómo llamar, por ejemplo: “sexagerar”: relatar con verbo florido ponderando en demasía la calidad y la cantidad de las proezas amatorias propias.

CINES CALLAO MADRID

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