“La seriedad está sobrevalorada”

LEO HARLEM fue panadero y camarero hasta los 40 años. Sus amigos le grabaron una actuación privada y su vida dio un vuelco para convertirse en cómico y famoso. Escribe sus propios monólogos desde los que arremete con todo su genial y castizo humor contra actitudes de una sociedad que vigila y critica. Leonardo González Féliz (León, 1962) ha rodado su primer largometraje, en el que interpreta a un alcalde corrupto en Villaviciosa de al lado.

Leo Harlem posa para PLÁCET en el bar restaurante Casa Lobo.

Leo Harlem posa para PLÁCET en el bar restaurante Casa Lobo.

¿Cómo te has sentido en tu primer largometraje?
Me ha gustado la sensación de hacer algo que queda. Una película es una obra cerrada. Además, ha sido una experiencia muy buena y cansada. Me lo he pasado muy bien, he conocido  un medio nuevo que yo ignoraba y he hecho todo lo que me mandaban hasta que el director decía: “corten”.
Te ha tocado hacer de Anselmo, un alcalde un poco …
Un poco recalcitrante, un tío chapado a la antigua, que va de solucionador y lo que es, es un metepatas. Un personaje al que se le coge cariño, porque es tierno.
Desde la butaca, además de reirte mucho, vemos con pereza esa España que no deja de marcharse.
Claro, es que esta España da mucho juego. Al final lo que funciona es contar historias humanas, de la gente, nuestras personalidades y nuestros conflictos.
Una España que lo que le gusta es reirse de todo o por lo menos de todo lo que le pase a otro.
A todo el mundo le hace falta reirse más de lo que lo hacemos. Nos tomamos las cosas demasiado en serio y la seriedad está sobrevalorada. Notas que la gente está apretada, con tensión, y que necesita esa válvula de escape que es el humor.

“Lo que más nos hace reir es la verdad. Vivimos en un mundo en el que todo es apariencia, pero en el que igualmente sabemos perfectamente cuáles son nuestras grandezas y miserias”

Con 40 años un video de una actuación entre amigos te cambia la vida, ¿cómo has vivido esa circunstancia?
La clave es que tengo una actitud frente a la vida por la que nunca le he dado muchas vueltas a las cosas. Las cosas van funcionanado, pero yo no pretendo nada excepcional. Entiendo que al final el público es soberano y es el que dice si tienes que estar o no. Y luego es que tengo una edad, no es lo mismo que te sorprenda una cosa de estas con 18 años que con 40 -hoy 54- Tienes una estructura mental y de estilo de
vida totalmente distinta.

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¿Pensaste alguna vez antes de esos 40 que te pudiera suceder algo tan excepcional?
No, lo que pasa es que yo siempre he tenido cierta gracia, pero dedicarme profesionalmente jamás lo había pensado hasta que las cosas surgieron.
¿Tradición familiar?
Mi padre se ha reído dos veces en su vida y fue por mi culpa. Pero mi madre y su familia sí que tienen chispa.
¿Cuáles son las claves de tu humor?
Mi humor es el que me sale. No me gusta meter política, ni meterme en berenjenales. Hago un humor tipo castizo, y hay una parte muy real en mí de todo eso, porque soy una persona que no entiende que haya tantos cambios o que todo tenga que ir tan rápido. Y desde mi trabajo también defiendo un estilo de vida más sosegado. Yo realmente me sorprendo de que se pongan de moda cosas como el turismo de riesgo o estar viajando constantemente, a la vez que se deja de valorar la tranquilidad, o hacer las cosas a tu ritmo o a otro ritmo.
Al final, si lo cuentas como es, ese humor funciona porque la gente se ve retratada. Y ese tío que vive con la agenda apretadísima, que para jugar media hora al pádel, tiene que andar a la carrera, que tiene que tuitear el resultado, estar en Facebook, hacerse un selfie, monitorizarse el brazo para que le analice el esfuerzo y vestir con las últimas zapatillas, se ríe con mi monólogo y a lo mejor piensa que tengo razón y que tiene que parar un poquito… y qué ricos están los callos y voy a dejar de ir a comer al restaurante indostánico para probar la sobrasada de Kuala Lumpur que me recomienda nosequé revista. Mis monólogos encajan muy bien porque son como un Pepito Grillo de nuestra conciencia y a la gente le llega.
¿Puedes explicar cómo trabajas, cómo escribes un guión o en qué te fijas cada día para inspirarte?
Mi método de trabajo es típicamente español, lo dejo todo para el último día. Yo cojo un tema, le doy vueltas en la cabeza, lo suelto en el escenario y lo pulo dependiendo de las reacciones del público. Hay gags que creías geniales y que no funcionan y otros a los que les dabas menos importancia que son un filón y la gente se vuelve loca.
¿Sabes lo que más nos hace reir?
Lo que más nos hace reir es la verdad. Vivimos en un mundo en el que todo es apariencia, pero en el que igualmente sabemos perfectamente cuáles son nuestras grandezas y miserias; si las ponen delante con gracia, la gente se ríe mucho. La cosa se hace para que la gente disfrute.

“Me crea mucha alarma el tema de los smartphones. Creo que es un arma y que se están desarrolLando patologías. Veo mucha cultura del ego, que no creo que sea positiva”.

¿Has tenido que aprender a actuar en un escenario?
He pasado nervios al principio porque nunca llevaba guión. Hablaba de lo que hablaba con los amigos en el bar y el público siempre se ha reído mucho; eso ayuda a estar tranquilo en un escenario. Al final todo me ha salido bien, la gente agradece mi trabajo una barbaridad, lo pasamos pipa, te pagas el piso, … ¿qué más puedes pedir a la vida?
¿Tu humor te ha cambiado la vida, pero cómo lo ha hecho la fama?
Soy un famoso afortunado, porque mi fama no va asociada a cosas dramáticas ni a un estatus de sex symbol, así que de cada 100 personas que me entran, 99 vienen con un respeto absoluto. Me siento querido y valorado y la gente no es muy invasiva. Los problemas pueden surgir a las dos de la mañana, cuando viene alguno ya descarrilao.
¿Qué otras cosas le gusta hacer a Leo Harlem?
Por ejemplo me gusta pintar y dibujar y lo hago bien, pero lo que se ve es lo que soy, porque una de las claves del humor es que sea creíble. Sé dónde se comen buenos callos, me fascina Madrid y me encanta pasear por la ciudad o por el campo, escuchar música, el transistor o tirar piedras a un río. No tengo coche, no sé conducir, no tengo smartphone. Soy feliz con dos pijadas y viviendo tranquilo.

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¿Qué tema te preocupa ahora?
Me crea mucha alarma el tema de los smartphones. Creo que es un arma y que se están desarrollando patologías de absoluta enfermedad. Me preocupan los chavalines que se creen que están muy comunicados y por otro lado están muy aislados. Veo mucha cultura del ego, que no creo que sea positiva. Me preocupa el tema de la avalancha de modas, ahora viene el Black Fryday, el lunes cibernético y el miércoles de lentejas…
¿Eres optimista con el futuro de esa generación?
Sí. Espero que sean modas y al final está claro que cuanto más despacio más avanzas. Como dice el dicho castellano: “En fin Serafín, que corre más un galgo que un mastín, pero si el camino es largo, corre más el mastín que el galgo”, y es verdad. Vivimos en un mundo de muchas prisas, pero no sabemos a dónde vamos.

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