La experiencia de una abogada en un monasterio de clausura

“El silencio te cura del yo”

  • “Es importante entender que vivimos en un mundo interpretado y a veces no vemos lo que vemos, sino lo que quieren que veamos”
  • “El problema del ser humano es que quiere que su razón se imponga”
  • “Yo me reía muchísimo con las ocurrencias y con las soluciones para todo de las monjas. Cualquier cosa era buena para reír. Hay mucha genialidad entre las mujeres con las que he compartido estos años en el monasterio.”
Leire Quintana, nos citó para la entrevista en el Jardín Botánico, “Lo que me llena es estar en la naturaleza. El Retiro, el Jardín del Capricho...  cualquier sitio donde escuchar el silencio.” Por otra parte, el lugar que menos le aporta de Madrid es la M-30, “El tráfico saca a veces parte de lo peor de nosotros mismos.”

Leire Quintana, nos citó para la entrevista en el Jardín Botánico, “Para mí lo que me llena es estar en la naturaleza, por eso la cita aquí en el Jardín Botánico. Pero también podría ser El Retiro, o el Jardín del Capricho, cualquier sitio donde haya árboles y naturaleza, cualquier sitio donde podrás escuchar el silencio de la naturaleza.” También a Leire le gusta pararse y entrar en cualquier capilla de Madrid, “te encuentras una iglesia abierta, entras y encuentras esa paz.“ Para ella el lugar que menos le aporta de Madrid es la M-30, “que tengo que coger todos los días. El tráfico saca a veces parte de lo peor de nosotros mismos.”

Buscando silencio y quietud, Leire Quintana (Bilbao, 1972) decidió dejar su trabajo en Madrid como abogada e ingresar en un monasterio de clausura, donde pasó cerca de 5 años. “Una canción inesperada” (Edit. Maeva), con prólogo de Espido Freire, es el resultado de ese viaje interior.

Has comentado que te decidiste a ir a este retiro a pesar de “tener alergia” a todo lo que sonara a espiritual.
Más que a lo espiritual le tengo alergia a toda la sofisticación religiosa. No tenía ningún tipo de atracción hacia toda la parte más dogmática o elaborada de la religión, pero sí me sentía atraída por la simplicidad que manaba de lo monástico, ese contacto directo con la tierra, con los ciclos biológicos, con los ciclos cósmicos, con lo sencillo, con la naturaleza misma.

¿Crees en Dios?
Sí, aunque lo que podría es matizar. Al final Dios es un concepto y no creo en un Dios separado del mundo.

En el libro cuentas cómo la madre superiora del monasterio ejerció de maestra espiritual. De hecho, hablas mucho del desapego y eso hace mucha referencia, por ejemplo al budismo. ¿Por qué elegíste un monasterio católico?
Mi búsqueda no se circunscribía al ámbito católico. De hecho, unos meses antes de entrar en el monasterio estuve en un monasterio budista en Francia, pero esa dosis de exotismo que rodea a este tipo de monasterios, creo que hubiera hecho que me perdiera. Todo era muy bonito en apariencia, pero muy enredoso para el objetivo que yo buscaba, que era más simple.
¿Llegaste a pensar que te ibas a quedar en el monasterio para siempre?
Al principio tenía muchas resistencias, pero fue pasando el tiempo, fui perdiendo el deseo de buscar. La insatisfacción me llevó al monasterio y supe que estaba bien cuando dejé de buscar. Y eso da una tranquilidad y una paz muy grande.

Libro-Una canción Inesperada-Leire Quintana

“Es importante entender que vivimos en un mundo interpretado y a veces no vemos lo que vemos, sino lo que quieren que veamos”

¿Por qué entonces decidiste salir?
No hay un porqué. Yo me encontraba muy bien y realmente feliz, pero un día en el que, sin pensarlo, percibí que lo que yo había ido buscando ya lo había encontrado, simplemente quise ver qué se generaba dentro de mí ante la posibilidad de salir.
¿Cómo ha sido volver?
Así como me costó muchísimo dejar Madrid y adaptarme al monasterio, el camino de vuelta ha sido sencillo. Al salir, hace más o menos un año, encontré un trabajo en una ONG y me vino como anillo al dedo.

¿Qué ha cambiado en tu vida?
Uno de los regalos de la vida del monasterio es el contacto con el silencio. El silencio es sanador, te cura del yo. No es que la vida ahora sea ausente de obstáculos o de conflictos, pero ya no vivo esos momentos como acción reacción, ya no reacciono con toda mi emotividad, con mi mundo herido.

¿Qué fue lo más duro en el monasterio?
Precisamente el desprenderse del yo, de ese rol que te ha dado la sociedad . El orgullo es tal vez uno de los grandes handicap para vivir en comunidad. El orgullo es una distorsión de la verdad.

Espido Freire, en el prólogo del libro, dice que los monasterios de monjas de clausura son una reivindicación del feminismo.
No es que las monjas sean feministas al uso, sino que dentro de la experiencia de vivir en un monasterio femenino descubres unas capacidades en la mujer que de otro modo a veces no se desarrollan.

También hablas de la clausura… ¿como una forma de libertad?
Yo tampoco lo entendía al principio, pero la libertad de la que hablo es una libertad interior, que es donde se resume la libertad.
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“El problema del ser humano es que quiere que su razón se imponga”

¿Ha cambiado tu concepto de la felicidad?
Yo antes no tenía ni idea de lo que era la felicidad. Ahora siento que la felicidad está simplemente en el hecho de vivir y que cada día y cada instante es muy bonito y merece la pena ser vivido. Ahora enfrento la vida de otra forma, cada problema lo veo como una oportunidad.

Más allá de lo espiritual ¿encontraste la vida monacal tal como muchos nos la imaginamos?
Yo no entré en El nombre de la rosa 2, no entré en un monasterio medieval. Lo que sí es que se vive como se podía vivir antes en el campo, en un entorno mucho más simple donde se valora la austeridad sana. porque no es penoso aunque a veces lo parezca, sobre todo desde fuera.

“Yo me reía muchísimo con las ocurrencias y con las soluciones para todo de las monjas. Cualquier cosa era buena para reír. Hay mucha genialidad entre las mujeres con las que he compartido estos años en el monasterio.”

El libro desprende mucho humor… ¿en un monasterio?
Yo sólo conozco a fondo un monasterio, pero te puedo decir que hay mucho humor. De hecho, una de las razones por las que yo entré es que cuando las conocí me parecieron muy alegres. Yo me reía muchísimo con las ocurrencias y con las soluciones para todo de las monjas. Cualquier cosa era buena para reír. Hay mucha genialidad entre las mujeres con las que he compartido estos años en el monasterio.

¿Cuáles crees que son las peores adicciones de la vida moderna?
Es absurdo el pelearnos por tener razón. El problema del ser humano es que quiere que su razón se imponga. También es importante entender que vivimos en un mundo interpretado y a veces no vemos lo que vemos, sino que vemos lo que quieren que veamos.

 

 

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