Historia y curiosidades del río Manzanares

Luis PérezPor Luis Pérez Nieto
Historiador del arte y gestor cultural.
Presidente de Madrid en Ruta, cuyo objetivo es dar a conocer el patrimonio de Madrid.

A orillas del Manzanares llegaron a trabajar más de 5000 lavanderas
Lavanderas en el Manzanareres (1915) Fotografía de Baldomer Gili Roig (Museu d Art Jaume Morera). Se estima que llegaron a trabajar más de 5000 lavanderas en las orillas del Manzanares a mediados del siglo XIX. Tenían fama de groseras y descaradas. Hasta tal punto que un real decreto del año 1790 impedía a las lavanderas del Manzanares llamar la atención de los transeúntes con sus provocativos gestos. Su actividad cesó en 1926 con la canalización del Manzanares y la llegada de agua corriente a las casas.

Lavanderas en el Manzanareres (1915) Fotografía de Baldomer Gili Roig (Museu d Art Jaume Morera).
Se estima que llegaron a trabajar más de 5000 lavanderas en las orillas del Manzanares a mediados del siglo XIX. Tenían fama de groseras y descaradas. Hasta tal punto que un real decreto del año 1790 impedía a las lavanderas del Manzanares llamar la atención de los transeúntes con sus provocativos gestos. Su actividad cesó en 1926 con la canalización del Manzanares y la llegada de agua corriente a las casas.

El río Manzanares antiguamente era conocido como Guadarrama de Madrid. El término Guadarrama deriva de la expresión árabe وادي الرّمل “Wādī-r-Raml”, que se traduciría como “río del arenal”. En el siglo XVII el Duque del Infantado decidió cambiar el nombre al Río por el de Manzanares. Llamándolo igual que su principal señorío, el Real de Manzanares, cuya villa más importante era el actual pueblo de Manzanares el Real.

El río Manzanares, un río querido y odiado a partes iguales, tiene su origen en el Ventisquero de la Condesa donde nace el arroyo que luego se transformará en nuestro río. El Río ha estado siempre en el colectivo imaginario de los madrileños y ha sido objeto de burlas literarias, por parte de propios y extranjeros, sobre todo en el siglo de Oro, donde Quevedo llegó a referirse al Manzanares como “aprendiz de río” o Tirso de Molina le dedicaba estos versos: “Como Alcalá y Salamanca tenéis, y no sois colegio, vacaciones en verano, y curso sólo en invierno”.

Lavaderos entre los puentes de Segovia y de Toledo.

Lavaderos entre los puentes de Segovia y de Toledo.

Todas las burlas han sido provocadas debido a su caudal. Comparándolo con el Támesis o el Sena, nuestro Manzanares siempre ha sufrido cierto complejo de inferioridad. Su escaso caudal, así como su nula actividad mercantil, siempre lo han relegado a un papel secundario.

Una curiosa anécdota relacionada con el Manzanares hace que a los madrileños aparte de ser llamados gatos también se los conozca como ballenatos. Cuenta la tradición que un bodeguero vio como la corriente del Manzanares arrastraba río abajo unas cubas de vino. El bodeguero desesperado empezó a gritar tras ellas: “¡una va llena!, ¡una va llena!” Fue entonces cuando algunos madrileños salieron armados de picas y chuzos para dar captura al inexistente cetáceo.

Lavanderas en el Manzanares.

Lavanderas en el Manzanares.

Una de las figuras más icónicas de Madrid hasta principios del siglo XX fueron las lavanderas, representadas cientos de veces, destacando los cuadros de Goya donde se daba una imagen idílica de su trabajo a orillas del Manzanares. Pero nada más lejos de la realidad. Las lavanderas trabajaban de sol a sol, con jornales mal pagados y en condiciones infrahumanas en un río lleno de inmundicias y de aguas insalubres. Pío Baroja catalogó al Manzanares como “río feo, trágico, siniestro, maloliente; río negro que lleva detritos de alcantarillas, fetos y gatos muertos”.

Se estima que llegaron a trabajar más de 5000 lavanderas en las orillas del Manzanares a mediados del siglo XIX. Tenían fama de groseras y descaradas. Hasta tal punto que un real decreto del año 1790 impedía a las lavanderas del Manzanares llamar la atención de los transeúntes con sus provocativos gestos. Las lavanderas se agrupaban entre el puente de la Reina Victoria y el puente del Rey; donde cercano a este, la reina consorte María Victoria del Pozo, esposa de Amadeo I, determinó construir un Asilo de Lavanderas con capacidad para cuidar de 300 niños menores de cinco años, creando así la primera guardería madrileña. La actividad de las lavanderas se acabó en el 1926 con la canalización del Manzanares y la llegada de agua corriente a las casas.

Aunque parezca descabellado, en el año 1931 los madrileños podían ver un gran buque en medio del Manzanares. Se trataba de una piscina privada con forma de un enorme barco

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Madrid tuvo un buque atracado en sus orillas. Aunque parezca descabellado, en el año 1931 los madrileños podían ver un gran buque en medio del Manzanares. Se trataba de una piscina privada con forma de un enorme barco. Fue realizada en una pequeña isla que tenía el río cerca del puente del Rey; la cual fue ampliada artificialmente con unas dimensiones finales de 300 metros de largo por 20 de ancho. Para la realización de tan insólito proyecto se tomó como referencia el Club Náutico de San Sebastián, concluido un año antes. El conjunto fue diseñado por Luis Gutiérrez Soto en un estilo racionalista, imperante en la época. Las instalaciones constaban de tres piscinas (dos exteriores, “en la proa y en la popa”, y una interior), un solárium, restaurante, bar, gimnasio y zona de juegos. La piscina sufrió algunos destrozos durante la Guerra Civil, que fueron reparados en los primeros años del franquismo. Estuvo dando servicio hasta febrero de 1954.En este año fue derribada debido a las segundas obras de canalización del Manzanares. La isla que le servía como base también fue eliminada, al ser un obstáculo para el nuevo sistema de exclusas proyectado.

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La relación de Madrid con el Manzanares se fue deteriorando y desapareciendo en los años sesenta del siglo XX, con la construcción en sus márgenes de la M-30. Con el proyecto de soterramiento de la M-30 y la construcción de Madrid Río, se puede hablar de una reconciliación entre ambos, ya que la ciudad ha vuelto a mirar a su río, del cual comienza a sentirse muy orgullosa.

 

 

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