Exposición: La guerra en la obra de picasso

La exposición que propone el Museo Reina Sofía recorre la visión de Pablo Picasso sobre la monstruosidad de los conflictos bélicos.

El Guernica descansa en la sala 206 del Museo Reina Sofía. Un cuadro realizado por el artista malagueño para el Pabellón de la República en la Exposición Universal de París de 1937.

El Guernica descansa en la sala 206 del Museo Reina Sofía. Un cuadro realizado por el artista malagueño para el Pabellón de la República en la Exposición Universal de París de 1937.

Coincidiendo con el 80 aniversario de la primera vez que se expuso el Guernica, el Museo Reina Sofía presenta este mes la muestra Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica.
La exposición aborda la visión que proyectó Picasso sobre la guerra moderna –guerra desde el aire, muerte en la distancia, cuyo objetivo era la destrucción de poblaciones enteras– así como la singular iconografía de agonía, perplejidad y horror que este tipo de violencia trae consigo. En concreto, se centra en las raíces del imaginario de Guernica que podemos encontrar en obras previas del pintor, realizadas en los años posteriores a 1925, donde ya aparecen escenas de acción frenética y extática, a menudo rodeadas de un halo de peligro y que presentan situaciones de violencia explícita: bailes desaforados, feroces enfrentamientos entre el artista y la modelo, monstruosos forcejeos de índole sexual en la playa o mujeres atrapadas en sillones con la boca abierta en un grito o rugido salvaje.

The three dancers, 1925.

The three dancers, 1925.

Belleza y muerte
Picasso trató esta temática en varias ocasiones. Decía que en sus cuadros de desnudos el sillón simbolizaba la muerte yacente que aguarda a la belleza; y cuando le preguntaron por la tristeza y la ansiedad que acechaban los cuadros de Dora Maar, replicó abruptamente que la mujer no era más que “una máquina de sufrimiento”, una declaración que algunos entendieron como compasiva y otros, como arrogante. Sin duda, en Guernica la compasión ganó la batalla. Asímismo, cabe destacar que en el cuadro la violencia “no” es parte de un baile sexual en el que la agresión y la sumisión se mezclan con el deseo y el placer. Sin embargo, en el conjunto de la obra de Picasso a menudo sí se produce esa fusión. En este sentido, la exposición busca explorar las profundas ambivalencias en las que incurrió el artista en el tratamiento de la violencia y la sexualidad.
Por otra parte, se analiza el nuevo tratamiento que Picasso hizo de los interiores a partir de 1924. A este respecto, cada vez con mayor frecuencia, cuerpos rotos o desmembrados invaden salones y estudios, y el mundo exterior presiona para entrar por la ventana. La habitación se acaba poblando de monstruos. Finalmente, en torno a 1930, las criaturas escapan de la habitación y comienzan a encontrar su sitio en un espacio abierto, incluso público. Los monstruos se vuelven monumentos. La monstruosidad en su obra no es en absoluto sencilla ni tiene una connotación negativa; más bien, es una nueva forma de vitalidad.

Museo Reina Sofía. Hasta el 4 septiembre, 2017 Edificio Sabatini, Planta 2.

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