Curiosidades sorprendentes sobre las estatuas ecuestres más famosas de Madrid

Por Luis Pérez Nieto
Historiador del arte y gestor cultural.
Presidente de Madrid en Ruta, cuyo objetivo es dar a conocer el patrimonio de Madrid.

Algunas de las estatuas que encontramos por Madrid esconden curiosidades que van más allá de su valor histórico-artístico. Solemos recorrer la ciudad preguntándonos al verlas: ¿quién será ese personaje? ¿por qué estará en este lugar? En esta ocasión descubrimos algunas historias curiosas y sorprendentes de las estatuas ecuestres más famosas de la Capital.

Felipe III-Plaza Mayor

Estatua ecuestre de Felipe III en la Plaza Mayor. Desde su ubicación en la plaza, en 1848, hasta 1931, miles de cuerpos putrefactos de gorriones en su interior hacían que despidiera un olor nauseabundo.

Hasta 1931 la estatua de Felipe III fue un cementerio de pájaros.
Felipe III
Si paseamos por la Plaza Mayor encontramos en el centro la estatua a caballo del primer rey Austria nacido en España: Felipe III, apodado el piadoso por su afición a rezar el rosario nueve veces al día.
La obra fue realizada por el escultor italiano Giambologna por encargo del gran Duque de la Toscana, Cosme de Medici, para ser regalada al rey de España.
Pesa cinco toneladas y media, y llegó a Madrid en el año 1616. Se instaló de manera provisional en el jardín del Reservado y un año después se trasladó al palacete de la Casa de Campo. Estuvo en este lugar hasta el 1848; cuando Isabel II decidió llevarla a la plaza Mayor. El cambio de lugar se debió a que Felipe III fue el rey que mandó construir la plaza Mayor y de esta manera la reina pretendía poner en valor la figura de este monarca.
Una vez trasladada a la Plaza, el lugar empezó a oler de forma nauseabunda sin saber el origen del olor. Debido a esto, se instalaron árboles y fuentes para disimularlo. El origen del misterioso mal olor fue descubierto el 14 de abril del 1931, cuando un grupo de republicanos, tras proclamarse la II República, llegaron a la plaza para poner un “petardo” dentro de la boca de la escultura. Al explotar, se descubrió que el mal olor venía de miles de huesos y cuerpos putrefactos de gorriones que entraban por los orificios de la nariz y la boca y al intentar salir de la panza del caballo morían en la oscuridad; convirtiéndose la estatua en un cementerio de gorriones.
La estatua fue restaurada tras la Guerra Civil por el escultor Juan Cristóbal, que esta vez selló la boca y los orificios de la nariz del caballo.

Felipe IV-Plaza de Oriente

Estatua ecuestre de Felipe IV en la Plaza de Oriente. Primera en el mundo con postura en corveta. Para evitar una ruptura de la estructura, el mismísimo Galileo Galilei se encargó del cálculo de los pesos.

Galileo Galilei se encargó de los cálculos de la estructura de la estatua de Felipe IV
Felipe IIIFelipe IV
En la Plaza de Oriente nos encontramos con la estatua a caballo de Felipe IV. Una estatua encargada por el Conde Duque de Olivares a los duques de Toscana. El monarca español quería una estatua similar a la de su padre; pero esta vez quiso ir un poco más lejos y tener la primera estatua en el mundo cuya postura en corveta maravillase al mundo entero.
Velázquez sería el encargado de diseñar los bocetos para que se realizase la escultura en Florencia, en el taller de Pietro Tacca. La dificultad en la postura que el soberano quería para su escultura hizo que el mismísimo Galileo Galilei se encargara del cálculo de los pesos para evitar una ruptura de la estructura. Para ello la mitad delantera de la estatua se hizo hueca, y la parte trasera maciza, para compensar los pesos, 8 toneladas, y evitar así su resquebrajamiento. Tacca trabajó durante 6 años en la escultura, comenzándola en el 1634 y finalizándola en el 1640. El escultor español Martínez Montañez se encargaría del primer boceto del busto de Felipe IV. Pero el resultado final no gustó al monarca, por lo que finalmente la cara del rey la llevó a cabo el hijo de Pietro Tacca, Ferdinando Tacca. Es por ello que la imagen de la cabeza es de menor calidad que el resto del conjunto.
Una vez lista, la escultura vino desde Florencia a Madrid para ser ubicada en los jardines del palacio del Buen Retiro, costó al erario público 40.000 doblones de oro. La estatua estuvo adornando uno de los patios interiores hasta que, en el siglo XIX, Isabel II, en el año 1844, decide trasladarla a la recién construida plaza de Oriente.

Carlos III-Puerta del Sol

Estatua ecuestre de Carlos III en la Puerta del Sol, conocida como el tornillo.

La estatua ecuestre de Carlos III en la Puerta del Sol es la de factura más reciente, 1994, y su ubicación se eligió por referéndum popular.
Carlos III
La estatua del llamado mejor alcalde de Madrid, ubicada en la Puerta del Sol, es de factura reciente, 1994. Los escultores se basaron en retratos de Carlos III de Goya y Mengs para el busto.
El lugar que iba a ocupar la nueva estatua se eligió mediante referéndum popular, en el que, por mayoría, salió elegida la Puerta del Sol. La estatua se levanta sobre un pedestal de piedra caliza en el que doce renglones de inscripción, con más de 2000 caracteres, nos resume el reinado de Carlos III. Debido a esta inscripción que bordea el pedestal, la estatua es popularmente conocida como el tornillo, puesto que para leerla hay que dar doce vueltas a la misma.

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