El Marqués de Salamanca: El rico aristócrata que murió dos veces

El 23 de mayo de 1811 nacía en Málaga José de Salamanca y Mayol. Uno de los personajes más fascinantes del siglo XIX; cuya vida de película marcaría para siempre la historia y la fisonomía de la ciudad de Madrid.

Para abrir boca podríamos decir que el Marqués de Salamanca murió dos veces. La primera en 1834 en una epidemia de peste, durante la cual cayó enfermo, dándolo por muerto. Pero Salamanca se despertó justo instantes antes de ser enterrado. Había sufrido un episodio de catalepsia. Su segunda muerte se produciría en 1883 y esta vez sería la definitiva.

Retrato de José de Salamanca y Mayol. Fototeca del Patrimonio Histórico. Ministerio de Cultura.

Retrato de José de Salamanca y Mayol. Fototeca del Patrimonio Histórico. Ministerio de Cultura.

Un rico liberal
De familia acaudalada, su destino dio un giro de 180 grados al conocer a Mariana Pineda, a través de la cual descubrió la dura realidad social. De esta manera empezó a valorar los ideales liberales y comenzó una lucha contra el absolutismo de Fernando VII. Dentro de este ambiente liberal fue uno de los grandes apoyos de la reina María Cristina para poder seguir gobernando. Este hecho le sirvió para conocer al financiero uruguayo de origen francés, José de Buschental.

“Perdono a tutti”
Éste introduciría al Marqués en el mundo de la Bolsa y las finanzas, haciendo que amasase en poco tiempo una descomunal fortuna. En una de las sesiones de la Bolsa llegó a ganar tres millones de reales.  Aquella noche reflexionó sobre todo lo ganado y la gente que le debía dinero y que estaba en la ruina. Al día siguiente volvió a la Bolsa, donde pronuncio su famosa frase: “¡Perdono a tutti!”
Algunos de los negocios en los que invirtió José de Salamanca fueron en el monopolio de la sal y el del ferrocarril. Entre las múltiples actividades de Salamanca estuvo también la creación de la primera casa de baños en España y de una importante empresa de coches de alquiler, llamada La Comodidad, en la que se podían alquilar berlinas de un lujo sin parangón.

Tranvía al barrio de Salamanca. Madrid

Tranvía al barrio de Salamanca. Madrid

Ministro de Hacienda en busca y captura
Entre las anécdotas más conocidas de la vida de este increíble personaje fue su rocambolesca huída a Francia. Tras ser ministro de Hacienda, fue acusado de haberse beneficiado de su puesto, por lo que una madrugada se presentó la policía a detenerlo en su palacio del paseo de Recoletos. Salamanca salió corriendo a refugiarse en la cercana calle Barquillo, en la embajada de Bélgica. Pasados unos días visitó la embajada de Dinamarca, que se ubicaba en el mismo edificio. Pero esta vez el embajador permitió el acceso a la policía para apresarlo. El ingenio del marqués lo llevó a encerrarse dentro de un baúl, donde incluso se sentó uno de sus perseguidores. Tras la búsqueda, la policía se fue con las manos vacías. Pocos días después mandó traer un coche de caballos para que saliese desde la puerta del edificio con un personaje embozado. Inmediatamente la policía salió tras él y así el marqués pudo huir disfrazado de sargento junto con un pelotón hasta la frontera con Francia.

Negocios ferroviarios en todo el mundo
Fue en Francia donde empezó a gestionar sus negocios ferroviarios. Aunque no llegó a tiempo para ser el promotor de la primera línea ferroviaria de España (Barcelona-Mataró), sí que creó la línea Madrid-Aranjuez, posteriormente ampliada hasta Toledo, y más tarde completó la línea Madrid – Alicante. Llegó a poseer una locomotora “Tank engine 14″ que alcanzaba una velocidad de 120 kilómetros por hora. También participó en la creación de líneas ferroviarias en Francia, Italia, Alemania, Portugal y Estados Unidos, donde construyó la línea Atlantic Great Western Railway, hasta los grandes lagos. La construcción se realizó en tiempo récor y los norteamericanos en reconocimiento fundaron una ciudad con el nombre de Salamanca.

Palacio del Marqués de Salamanca

El barrio de Salamanca
Una vez instalado en Madrid, vivió en la calle de Alcalá. En esta época, se dedicó a frecuentar las tertulias de los “románticos” y a pasear por las calles de la ciudad, donde fue consciente del deplorable estado y la falta general de higiene, por lo que se le ocurrió la idea de crear un barrio nuevo donde desarrollar una serie de comodidades como el agua corriente, calefacción, cocinas de carbón, luz eléctrica y retretes. Con el tiempo se irían incorporando los ascensores (año 1893) y el teléfono. El propio Marqués de Salamanca llegó a comentar: “Madrid se nos está quedando chico”, “voy a construir para Madrid el más cómodo, higiénico y elegante de los barrios”.
Hacia el 1864 el Marqués ya había comprado unos dos kilómetros cuadrados de terreno en la zona comprendida sobre el Paseo de Recoletos y entregó el final de su vida al sueño de construir un nuevo Madrid, aprovechando el plan urbanístico de ensanche llamado el Plan Castro.  El barrio de Salamanca de Madrid se convertiría en una de las millas de oro del urbanismo europeo. Salamanca concibió el barrio a imagen y semejanza del bulevar del ‘faubourg’ Saint-Germain de París impulsado por el barón Haussmann.
Él mismo mando construir su palacio en esta zona, en el Paseo de Recoletos, que en aquel momento ya se consideraba las afueras de Madrid.  Para acercar el barrio a la ciudad el Marqués creó la primera línea de tranvía de Madrid; la cual unía la Puerta del Sol con el nuevo barrio, que se bautizó con su apellido: el barrio de Salamanca. En mayo de 1871 se inauguró este tranvía entre vítores y alegrías. Al finalizar el trayecto las cocheras del tranvía habían sido adornadas y se ofreció una comida servida por el restaurante Lhardy en una mesa con forma de herradura.
En su época de esplendor el Marqués llegó a poseer una gran cantidad de palacetes entre los que destacan:  el palacio de Recoletos, una casa en Carabanchel de Arriba, el palacio de Vista-Alegre, una finca en Aranjuez, otra en Los Llanos, un palacio en Lisboa, otro en París y uno alquilado en Roma. Todos ellos habitados durante todo el año por su servidumbre. Además, se decía que cuando él viajaba, siempre iba acompañado de su cocinero, su ayuda de cámara y dos criados.

La ruina final
Sin embargo, tras la ingente inversión en el barrio de Salamanca, su situación económica empezó a decaer. Había dilapidado su fortuna de cerca de 400 millones de reales con la construcción del nuevo barrio y se vio obligado a vender gran parte de su colección de cuadros, entre los que había obras de Velázquez y Goya. En 1876 tuvo que deshacerse de algunas de sus propiedades inmobiliarias y de algunas de sus acciones ferroviarias.  La situación cada vez era más crítica y su ruina ya era inminente. Pero poco tiempo vivió en este estado de ruina, ya que en 1881, durante una estancia en San Sebastián, comenzó a encontrarse mal. Sus problemas de salud se estaban  agravando y en lugar de quedarse allí, decidió volver a Madrid donde murió el 21 de enero de 1883 en su Quinta de Carabanchel, solo y sin amigos que le acompañasen en sus últimos días, a excepción de su fiel mayordomo. Las deudas que acarreó la construcción del Barrio de Salamanca habían dejado al Marqués sin amigos ni apoyos, sumido en la más absoluta ruina. Se cuenta que la única persona que se interesó por los últimos días del Marqués de Salamanca fue el rey Alfonso XII, que incluso llegó a hacerse cargo de algunas de sus deudas.

Por Luis Pérez. Historiador del arte y gestor cultural. Presidente de Madrid en Ruta, cuyo objetivo es dar a conocer el patrimonio de Madrid.

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